En nuestra cultura es casi “de novela” hablar de la relación entre un “maestro” y un “discípulo”. Las relaciones de enseñar y aprender hoy distan mucho de la relación espiritual e incluso en los ámbitos religiosos esa relación y ésos términos han desaparecido prácticamente. De oriente nos llegaban textos y relatos hacia fines de los años 90, pero luego también eso ha cambiado. Los gurús de la India, otrora grandes referentes de la espiritualidad, muchos de ellos, fueron “desenmascarados” como falsos gurús, otros desaparecieron y cada vez menos las personas nos sentimos inspirados por otro como nosotros. Quizás los futbolistas o ciertos artistas tienen hoy ese poder de atracción sobre la gente. Hay líderes de opinión, hay “influencers” pero casi no hay inspiración. Vidas que inspiran a vivir de otra forma. La sociedad secular, racional y científica ha ido dando paso a una sociedad que casi no cree en nada…pero ese sería tema para otra oportunidad: ¿en qué creemos?
En este tiempo de adviento, tiempo cercano a la navidad, estamos repasando algunas características o cualidades de Jesús como dice el título de estas cartas, a la luz de un aquí y ahora profundo y sin barniz.
¿Qué tipo de maestro fue Jesús y por lo tanto, qué pedagogía compartió?
Jesús no fue un maestro rígido. Su enseñanza no se apoyaba en doctrinas o leyes rígidas difíciles de sostener. Pero a la vez, animaba a dejarlo todo, a vivir la consolidación de ese proyecto suyo de una familia humana nueva, con pasión y entusiasmo. Mientras acogía a todos y en medio de un andar itinerante, lo que sugiere que habrá sido con casi ninguna estructura ni orden, invitaba al riesgo de salir de las formas cómodas, a abandonar lo conocido, a dejar atrás los privilegios y asumir el riesgo de una vida en libertad dedicada a liberar a los demás.
Si bien en los textos lo llamaban “rabí” (maestro) parece que no encajaba en los parámetros de los maestros de su época y su entorno. En su grupo no había solamente hombres. Había también mujeres
(impensable en el mundo hebreo de entonces). Junto a Jesús parece que no se usaba el tiempo y la energía para estudiar la ley o a crear una nueva doctrina sino para vivir desde ese mismo momento como una nueva familia. Nadie pedía ser integrado al grupo sino que era él mismo quien iba por llamando a las personas. Nadie en el grupo de Jesús espera ser maestro en algo un día, no parece ser esa la relación que este maestro establece con cada uno de sus seguidores. Si miramos su actuación narrada en los evangelios, a Jesús se lo ve siempre interesado en comunicar la cercanía de Dios para con las personas y especialmente para con los que sufren.
Cuando envía a sus discípulos a diferentes aldeas les pide que no lleven nada para su sustento, que se dejen alimentar, que vivan en casa de las gentes…Jesús quería seguramente poner a andar unas relaciones sociales diferentes. Es el mismo Jesús quien toca a los intocables de su época, a los leprosos, es él quien pone en primer lugar a los más marginados, los ladrones y prostitutas, es él mismo quien dice que han de volverse como niños si pretenden entrar en la dinámica de su proyecto… Es el mismo Jesús quien se sienta a comer con los que nadie quería siquiera ver en su camino y sus discípulos entonces aprenden de esa manera acerca de la compasión, la dignidad, la justicia: es actuando, compartiendo, viviendo la transformación como uno se transforma. Jesús cambia radicalmente el mensaje que ya no es “teme a Dios y su juicio” sino todo lo contrario, “no temas” y “vete en paz”. Si tuviésemos que elegir dos indicaciones repetidas y significativas de la pedagogía de Jesús serían esas: no tengas miedo y ve en paz.
Si leemos los textos observando las formas en cómo ese “movimiento” de Jesús y sus seguidores fue desarrollándose en los años de vida pública de Jesús, veremos que hay algo definitivo: se trata de borrar los rastros de todo aquello que propició la vida que pretendían dejar atrás. Y muy especialmente, las relaciones de poder. En el grupo de Jesús, no hay dueños, ni maestros, ni rastros de la familia patriarcal de la que ellos mismos provenían. No hay herencia de títulos, ni se reservan lugares de privilegio, no hay líderes religiosos, no hay sacerdotes, no hay políticos. Todo consiste en aprender a vivir viviendo como una familia “extendida”.
En una carta anterior recordé que Jesús decía que el “reino de Dios” ya estaba presente…pero la pregunta válida sería: ¿y por qué no lo podemos palpar? ¿Por qué la vida se ha vuelto tan difícil? Quizás, porque no hemos logrado ver incluso todavía, con tanto conocimiento a favor, que lo que creará un mundo nuevo es lo que llevemos en nuestro corazón. Por eso yo diría, la pedagogía de Jesús, éste de quien celebraremos pronto su nacimiento, está basada en que las personas experimenten de forma directa el amor, la dignidad, la fraternidad, la no ambición, la no competencia…
Siempre me llamó la atención que en los textos muchas veces se hace referencia a que los discípulos de Jesús no lo entienden y durante mucho tiempo intenté entenderlo, que no me pasara lo que le había pasado a sus discípulos…y ése fue un error que me demoró en el camino. No se trata de entender nada sino de vivir la experiencia, de dejarse animar, de entusiasmarse y por supuesto, tener el valor de dejar atrás lo que -aunque conocido y cómodo- nos demora.
*imagen de portada: https://www.servicioskoinonia.org/cerezo/indexBgraf.php

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