Cuando en la antigüedad alguien compartía la meditación y
transmitía ese conocimiento, quien lo recibía sabía que comenzaba a caminar
hacia cierta dirección. La meditación se explicaba un poco por la búsqueda que
iniciaba a partir de allí y por la experiencia que iría recogiendo el
practicante. También hoy muchas personas nos sentamos cada día intentando
reunir estas dos “tensiones”: lo que buscamos y anhelamos y lo que iremos
experimentando. Y digo tensiones porque de alguna manera uno tendrá que
resolver o al menos tratar con la tensión que se produzca entre lo que fui a
buscar y lo que me encontré. Pero muchas veces nos pasa que olvidamos esa primera
parte inicial. ¿Para qué estamos sentándonos a meditar?
En la tradición India, existen cinco afirmaciones de la
época védica que pueden ser tomadas como mantras para reflexionar o meditar con
ellos y en ellos. Se llaman Mahavakya o grandes afirmaciones y una dice “Tat Tvam Asi”,
que significa “Tú Eres Eso”. Tú eres eso que vas a buscar, tú eres eso que
estás anhelando encontrar. La dirección de la práctica es hacia ti mismo. Hacia
tu propia naturaleza. Pero, ¿sabemos qué ese "nosotros mismos"?...allí
quizás la “trampa” del mantra.
Esta afirmación nos invita a encontrarnos con nuestra
naturaleza y nos recuerda que la felicidad, la paz, la libertad, están en
nosotros. La dirección de la práctica es hacia uno mismo, no desde el sentido
egocéntrico sino desde la búsqueda humilde de la aceptación, pues la meditación
irá enseñándonos que dirigir la búsqueda hacia uno mismo es dirigir la búsqueda
hacia una realidad mucho más grande que el ego con el que estamos
identificados. Esa otra búsqueda de la satisfacción egocéntrica, ese otro hacer
lo que queremos y lo que nos gusta por encima de todo, es lo que nos ha llevado
al sufrimiento y está directamente relacionado con lo que nos hace sufrir. En
cambio, comprender la búsqueda de la felicidad en el camino de la verdad, nos
conduce a una experiencia bien diferente precisamente de uno mismo. “Eso” que
somos y que vamos a buscar en la meditación se explica en la tradición como la
naturaleza de la devoción.
“Concentra la mente y el intelecto solo en Mí. Así sin
duda después vivirás sólo en Mí.”
Bhagavad Guita, Cap12, vers 8
Esta es parte de la conversación que Krishna tiene con su
amigo Arjuna en un pasaje de esta antigua escritura llamada “Diálogo con lo
eterno”. Krishna le dice a Arjuna que fije “la mente”, o sea el pensamiento, y
todas las funciones de la mente en El. Es decir concentración en el ideal. Y
agrega “el intelecto”, para los hindúes, la facultad de
discernimiento, la decisión y la determinación.
En este tramo de la conversación entre ambos parece que Krishna, pasa largo
rato explicándole a Arjuna la esencia de la devoción, del sentir devocional, de
la devoción como práctica de meditación y ahora también como culminación de la
vida. Le dice: “Así sin duda después vivirás sólo en Mí”.
Es una enseñanza muy práctica. No es para después de la
muerte ni para la vida eterna en un “más allá”. Tampoco es una práctica
extrema. “Concentra la mente y el intelecto solo en Mí. Así sin duda después
vivirás sólo en Mí”, esto le recomienda Krishna a su amigo. Que concentre sus
pensamientos, sus anhelos y su búsqueda, y también que tome decisiones
teniéndolo a él como objeto de concentración, pues para Arjuna, Krishna era el
ideal.
Arjuna descubrirá que la devoción lo conducirá hacia una
experiencia personal del Espíritu podrá recorrer el camino de ser eso a partir de concentrar su mente en
el ideal elegido.
Eso
¿Para qué nos sentaremos a meditar la próxima vez? ¿Queremos
esperar que la meditación “redirija” nuestros pensamientos hacia algún lugar o
eso deberíamos hacerlo nosotros mismos y por nosotros mismos? Pero, ¿es posible
hacerlo contando sólo con nuestras fuerzas o es necesario otro “poder” que nos
llega con la humildad de ponernos en el camino? ¿La meditación nos pondrá en un
sitio o será el soporte, el aliento con el cual nosotros podremos vivir en el
ideal elegido, (haciendo del ideal algo real)?
El camino a descubrir Eso
que somos, según las tradiciones espirituales de todos los tiempos y lugares tiene
un comienzo: “Concentra la mente y el
intelecto solo en Mí”.
Podremos encontrarlo dicho de diferentes maneras (y esta
es una de ellas), pero todas nos proponen algo muy parecido: poner nuestros
pensamientos, nuestros anhelos y nuestras acciones (el intelecto, el
discernimiento) en algo más grande que nuestro ego. El camino comienza con la
humildad.
Que podamos ponernos en el camino de la verdad que somos con humildad y devoción.
Que la meditación nos recuerde con dulzura que solos, aislados, no podemos nada y que venimos a meditar cada día, cada vez, para recobrar la conciencia de qué es que somos.
Expresión plena del amor siempre anhelante de ser.
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