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En la meditación, ¿que estamos encontrando?

















Si estás leyendo este texto, es porque ya te has dado cuenta que la "realización personal" requiere cierta búsqueda de armonía y de integración interior y con el exterior. Puede que aún necesites buscar mucho más, probar caminos, lugares donde detenerte, otras voces, otras lecturas, pero ya te diste cuenta: lo que te traerá paz no está fuera.

Un buen  trabajo, una buena casa, unas lindas vacaciones, algo de dinero y confort aportan un bienestar muy restringido e inestable. Teniendo o no todo eso, si estás aquí es porque ya lo sabes: hay que simplificarse para ser feliz.

La meditación es esencialmente ese camino de simplicidad, que no es fácil, pues iremos poco a poco trascendiendo todo aquello que nos da cierta importancia y no hablo de las cosas materiales, sino de aquellas otras "cosas". Si te fijas, la meditación no es difícil porque tengas que estar quieto o en silencio, sino porque en ese estar quietos y en silencio vamos dejando partir nuestros pensamientos, vamos dejando partir nuestras creencias. Detenemos todas esas conversaciones controladoras del tiempo, abandonando la ilusión de que podemos controlar el pasado, el presente y el futuro. Esa es nuestra mayor dificultad: no siempre queremos soltarnos totalmente. Y sucede que ese es el camino para encontrarnos de verdad. Eso es lo que encontramos en la meditación: nos encontramos con nosotros mismos, con la realidad de nuestro Ser. Con la unidad natural de nuestro corazón con el pulso de la creación donde la libertad, el amor y la realización personal no son el resultado exitoso de ninguna habilidad o concepto sino lo que encontramos cuando dejamos partir de nuestra vida todo ese ruido.

Tres cosas he aprendido en mi corta experiencia con la meditación y que quizás puedan resultarte de ayuda:

1 Hay que desear encontrar el camino. En un texto de yoga devocional leía hace poco algo así: "tienes un Maestro, tienes un destino. Ahora sólo te falta el camino". Si bien no habla exactamente de lo que estamos hablando aquí, es interesante esto de que incluso en el camino devocional, el camino a emprender es el de cada uno. Y ese camino tenemos que buscarlo, transitarlo a nuestra manera, a nuestro ritmo, con nuestras penas y nuestras alegrías, sólo así podremos amarlo, y sólo si lo amamos podremos recorrerlo.

2 Tenemos que caminar el camino con el entusiasmo que nace de la experiencia de que allí nos encontramos, de que allí es donde vive nuestra felicidad. Si el camino que transitas es el de "lo hago porque es mi tradición" estás frito. Si el camino que transitas es el camino de "voy haciéndolo como se me antoja"...también estás frito. ¿Cómo obtener el equilibrio entre la disciplina y el amor? Enriqueciendo tu búsqueda con la búsqueda de otros, dejándote acompañar, observando con claridad donde nace tu felicidad y obrando en consecuencia...llegará un momento en el que la meditación te dará la experiencia de la transformación.

3 Para que estos dos puntos anteriores ocurran con naturalidad, es decir, para que el desapego de la meditación alcance un punto de realización y se nos revele como una forma de encontrarnos con nosotros mismos y con los demás, necesitamos practicarlo desde el primer día de práctica en la medida en que podemos desde el comienzo. Krishnamurti dijo "el primer paso es el último". Yo he descubierto para mí (y tal vez sirva para ti), que haber repetido con devoción y dedicación un mantra, una oración, me ha ayudado a transitar hacia el desapego con desapego. La oración, la plegaria, el silencio orante, me han ayudado, sin perder de vista estaba empezando, a convertir el primer paso en el ultimo,  me han ayudado a descubrirme empezando cada vez y continuando cada vez y me han dado el regalo de la experiencia de la felicidad cada vez que me encontré allí exactamente donde me dejé partir.

Que la meditación pueda ser para todos 
el camino a ser quien realmente somos.
Que en el silencio y la quietud de la meditación, 
sepamos dialogar con la vida, 
y dejándonos guiar por el Espíritu 
alcancemos la plenitud y el encuentro.


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