Muchas veces hemos compartido diferentes impresiones acerca de la actitud o de la intención que ponemos al meditar. Hemos visto ya que no podemos ir a la meditación a "adquirir" alguna cosa. También hemos visto que no podemos ir a la meditación a "controlar" lo que ocurre...
Ahora nos preguntamos, ¿qué te preguntas en la meditación? ¿vas a la meditación con preguntas, con inquietudes, con búsquedas?
Por no repetir lo mismo de siempre...
En la tradición espiritual se ha vuelto muy pesada la herencia precisamente de la tradición. Lo que debe hacerse y lo que no. Lo que está bien y lo que no. Hemos puesto en la tradición incluso todas las respuestas que el Espíritu nos dio tal vez a través de los profetas y de las escrituras y cuya custodia parecen ser únicamente las instituciones. Entonces en nuestra cultura occidental, bien recibimos lo que llega de oriente porque muchas veces desconocemos que adolece de la misma dificultad. Para no repetir entonces lo mismo de siempre dejamos de preguntar.
Para no cambiar casi nada...
O bien vivimos la vida de espaldas a la espiritualidad y todo lo que ella conlleva de libertad, de riesgo y también de humildad o bien la espiritualidad queda perdida bajo capas y capas de formas, de estamentos, de autoridades...porque nos cuesta aceptar que nosotros, en lo personal, debemos cambiar decimos que no estamos de acuerdo o que no hay otra forma de hacerlo...para no cambiar nada o casi nada dejamos de buscar.
Ante la creencia de que podemos solos...
Si vamos al fondo del sufrimiento está siempre en cualquier caso el aislamiento, la separación, la distancia. Cuando alguien sufre, sufre porque experimenta el aislamiento, la distancia de su "objeto de deseo", porque hemos arraigado en nuestro interior esa creencia de que podemos vivir aislados y separados de los demás. El dolor es otra cosa. El dolor de la pérdida de un trabajo, de la partida, el dolor de la muerte de un familiar o amigo, eso es otra cosa, no el sufrimiento que nos encadena y nos arrastra a la infelicidad. Ante esa creencia de que quedamos solos la meditación es el camino de recobrar la conciencia de que no es posible. Ante la falsa creencia de que vamos a tener que seguir solos, la meditación viene a decirnos que eso no es posible. Porque solos no somos.
La profunda escucha en el silencio...
Muchas veces hemos compartido también que sentarnos a meditar es una forma de responder. Una forma de responder muy particular y a la vez sencilla en la que escuchamos, nos abrimos al misterio de ese silencio profundo, nos reconocemos (es decir, volvemos a conocernos) y experimentamos una forma de comunicación basada en la sencillez y la humildad. Nuestra necesidad de meditación también pasa por la necesidad que tenemos de saber preguntar y escuchar. Cuando comenzamos a meditar muchas veces lo hacemos desde la necesidad de silencio que nuestra vida tiene, pero ¿nos hemos preguntado que quiere decir "necesidad de silencio"?
Volver los pasos sobre nosotros mismos...
Nuestra cultura es la cultura del rendimiento, del éxito, de los "logros", es la cultura del vivir fuera de uno mismo. Las formas religiosas que deberían ser el camino inverso, vaya sin han caído también tantas veces en ese derrotero de que lo importante es contarnos a ver cuántos somos, cuánto dinero tenemos, cuanta "inteligencia" o intelectualidad, cuanta "razón". También en los grupos de yoga se ve mucho esto: cuántos viajes a la India, cuántos instructores, cuantas habilidades, cuánto dinero... luego tenemos esa necesidad de silencio que no es más que la experiencia de que no podemos vivir vacíos interiormente. Sepámoslo o no, buscamos silencio porque no podemos vivir (sin sufrir) vacíos interiormente, entonces vamos a la meditación por muchos caminos.
Y de todos los caminos el único indispensable es el de uno mismo. Es el camino de volver sobre los pasos de uno mismo, rehacer su vida de encuentro con la interioridad y allí con la voz del Espíritu que nos guía. De ahí las preguntas en el silencio. Ese buscar en el silencio y en la quietud, formas de responder desde la humildad y la vulnerabilidad, nos conduce más allá de nosotros mismos, de nuestro ego, del sufrimiento incluso en medio del dolor o de situaciones dolorosas, es encontrándonos donde podemos comenzar a crecer y a sanar y eso conlleva los riesgos de intentar, de preguntar, de moverse más allá de lo conocido...esa es otra dimensión de la respuesta que damos al meditar: entramos en comunicación íntima con el Espíritu, una comunicación que puede conducirnos al origen (de dónde venimos), que puede restablecer prioridades (purificando y nutriendo nuestra vida) y revelándonos que somos mucho más que ese manojo de dificultades y encierros.
Que sepamos escuchar. Que nos dejemos conducir. Que podamos volver sobre nosotros mismos al encuentro con la eternidad y el amor verdadero en nuestro corazón.
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