Te sientas a meditar, en un lugar apacible, donde puedas estar en silencio por un largo rato y la transparencia que te regala la práctica no tardará en llegar. Cuando hayas pasado unos cuantos minutos comenzarás a ver quién eres realmente y que te está sucediendo. Ahí la primera dificultad: ¿puedes quedarte?¿puedes sostenerte? Si continúas, lo que no quiere decir que no sea difícil hacerlo, vendrá a ti otra ayuda de la meditación: ecuanimidad. La ecuanimidad nos asiste para que podamos sostenernos, para que podamos quedarnos en la meditación. Nos dice que para transformar aquello que es una dificultad primero hay que verlo claramente sin juzgarlo, porque al juzgarlo dejamos de verlo tal cual es. Juzgar puede ser tal vez una forma de no quedarnos mirando, de evitar lo que la transparencia nos da. Por ello, la ecuanimidad La concentración es esa disciplina. Sentarnos a meditar y quedarnos meditando. Sentarnos a meditar y cultivar la ecuanimidad. La transparencia nos permite v...
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