Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2025

Meditar detrás de una doble ventana

                                      Cuando aún no era instructor de yoga conocí una familia de emigrantes taiwaneses que hacía muy poco habían llegado a nuestro país. En unas semanas generamos una linda relación de familia a familia, compartiendo algunos almuerzos y cenas en su casa y en la nuestra. Los primeros seis u ocho meses di mis clases en diferentes lugares buscando un espacio que reuniera las condiciones para dar lo mejor posible y a la vez, que me fuera rentable económicamente. Este amigo, que además de practicar la medicina china y otras actividades era un practicante budista comprometido con su camino, me dijo entonces: “tiene que buscar un lugar en medio de la ciudad, en medio del ruido, donde la gente por la forma de vivir y trabajar, necesite hacer yoga. Entonces no sólo dará un buen servicio sino que además tendrá más gente y le será más rentable.” Y así fue, al inicio tomé s...

Una mente religiosa

Generalmente damos por sentado que todos elegimos la vida, que hay en nosotros una fuerza que pulsa para que cada acto y cada pensamiento esté en dirección a seguir viviendo. ¿Pero es realmente así? ¿Estamos seguros de estar eligiendo la vida? ¿Nuestra forma de vivir, es una respuesta? Quizá deberíamos preguntarnos si es lo mismo existir que vivir. La existencia es lo que compartimos con el resto del mundo y de la creación. A la existencia venimos, la vida en cambio requiere de una decisión personal, precisamente de “vivir la existencia”. Por ejemplo, en la tradición budista, se habla de la dimensión histórica y la dimensión última. En la dimensión histórica nacemos, vivimos la existencia creciendo y desarrollándonos y luego morimos. Pero si miramos profundamente esa misma existencia veremos que la vida estaba presente antes y sigue estando después. Es la naturaleza del no-nacer y no-morir. Aquello que dará visibilidad a un ciclo de vida ya estaba presente antes de que una persona “naz...

Señalar o abrazar

  Son las primeras horas del día en una mañana que anuncia la pronta primavera. Sentados los tres a la mesa del living desayunamos café recién hecho, jugo de naranja y unos bizcochos. Desde el día anterior a las cinco de la tarde aproximadamente que compartimos la charla -una puesta a punto de la semana-, la práctica, la cena y más charla y luego de dormir unas horas otra vez estamos sentados ante la fiesta de la amistad planificando algún paseo de fin de semana. Cuando tres amigos que lo han compartido todo se juntan suceden esas cosas: podemos ir a cualquier conversación con la misma intimidad y confianza. Ya sea celebrando la alegría o repasando nuestras propias tinieblas. Y para quien sea el protagonista de ese momento, la compañía está asegurada, uno puede volver y tocar sus vulnerabilidades, nombrar sus “pecados” y sabe que incluso, en medio de ese túnel oscuro a donde a veces nos lleva la tentación, allí no estamos solos. La amistad no construye murallas a donde nada malo en...