He pensado que la meditación es una gran fiesta a la que se nos invita a entrar y a la que muchas veces nos negamos a hacerlo (No es que sea una idea mía sino que he pensado en ello). Puede que suene raro: ¿la meditación una fiesta? ¿No es una práctica de silencio y quietud, de introspección o tal vez de profunda reflexión? Caro que sí lo es. Pero es una fiesta en la que si entramos, si nos animamos a recibir tal regalo, entonces nos encontramos con lo mejor de nosotros y lo que es verdaderamente importante para nuestra felicidad, nos encontramos con aquella luz que nos ilumina. En la meditación diaria, comprendemos la verdad que la tradición sostiene desde hace miles de años: es posible iluminarse, vivir a la luz de la conciencia. Puede que estemos buscando la llave de esa luz en nuestras habilidades y destrezas, en las "capacidades" del ego, y entonces nunca entramos a la fiesta que se nos invita porque estamos muy atareados con hacer nuestra propia fiesta...
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