Que no me olvide
de la paciencia que el Espíritu me tiene,
que no me olvide
del sol saliendo para todos
y de la lluvia. Que pueda aprender a esperar
y que cada paso sea,
camino a la misericordia.
Que no evite el encuentro y la escucha
que pueda perdonar
que pueda comenzar de nuevo
que mis brazos sean,
como ramas del árbol que brota
después de cada invierno.
Y que no me seque nunca.
Que cuando cierre los ojos
no sueñe, sino que recuerde
el amor que Dios me tiene,
y al pensar en los hombres
mis palabras sean fruto
a pesar de las guerras y de las penas.
Y cuando la tormenta se instale tan cerca,
que sus vientos huracanados no me desprendan de la tierra
que mis pies se mantengan juntos
que mi manos permanezcan abiertas
aún a pesar mío cuando el rencor
me conquiste por momentos.
Que pueda prometerme que seré abierto
que seré cielo y océano cada vez que pueda
que seré silencio en el intento de comprender.
Que pueda aprender a esperar
y que cada paso sea,
camino a la misericordia.
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