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Mostrando entradas de marzo, 2016

El soplo del Espíritu

Tenemos que aprender ,y quizás sea lo que más nos cuesta, que la meditación es dejar que el aire del Espíritu sople en nosotros. Permitirnos ser instrumento es lo más difícil para nosotros que siempre queremos "hacer", incluso en la meditación, también queremos sentir que somos los que estamos "haciendo" algo. Dejar que el aire del Espíritu sople en nosotros permitiendole refrescar nuestra vida, nuestros actos cotidianos, sacudir el polvo de nuestros viejos hábitos, mover aquellas estructuras que a veces no son más que eso: viejas estructuras muchas veces ya vacías. Esa es la energía de la meditación y ese es el enorme cambio que nos propone, la tremenda transformación que sucede mientras meditamos cada día: una forma de comprensión aparentemente contradictoria, en la que, lo que sucede, sucede mientras estamos dispuestos a no hacer nada. Un "no hacer nada" lleno de conciencia y vitalidad, pues es un "no hacer nada" que tenga que...

Vasijas de barro

De agua, barro y poco más está hecha una vasija. Los antiguos de casi todas las tradiciones, cavaban un pozo, sacaban tierra (greda, arcilla o cualquier otra), la mezclaban con agua y algún elemento que le diera un poco de firmeza como conchas de mar molidas, pequeñas piedras o arena, y convertían aquello en un recipiente. Algunas culturas la secaban al sol, otras cerca del fuego donde cocían los alimentos, y otras dedicaban un fuego y rutina especial para cocer sus vasijas de barro. Así, las vasijas guardaban las semillas, las harinas, las tintas de colores, el agua, y hasta los cuerpos de los difuntos o sus cenizas. En la meditación como camino, nosotros vamos convirtiéndonos en vasijas de barro, volvemos a la simplicidad de una vasija y desde allí nos encontramos con el sentido de la vida. Vasijas de barro, recipientes donde llevar lo que sea y estar siempre abiertos, disponibles, a lo que sea que nos toque llevar, pues el camino de la meditación no no...

Permanecer y ser fieles en la meditación

La vida con sus cosas, muchas veces no resulta como uno quisiera. Trabajar donde trabajas, vivir donde vives no es lo que esperabas...incluso quizás la persona que más amas, no siempre es como te la habías soñado ni como la conociste. Entonces todo esto trae sufrimiento a tu vida y si tu sufres, seguro que quienes están a tu alrededor sufrirán también porque tu sufres y porque los harás sufrir de una u otra manera. Generalmente huimos del sufrimiento. O dejamos el trabajo o dejamos de involucrarnos en él (hacemos la plancha). O dejamos de cultivar la amistad con nuestros vecinos o vivimos peleando con ellos, o dejamos de involucrarnos con ellos. O nos separamos de la persona amada, o nos alejamos sentimentalmente aunque compartamos la misma casa. Así, podemos llegar a ir con una mochila llena de sufrimientos propios todos, aunque creamos que han venido desde lejos. Pero no es la única alternativa que tenemos para practicar. También podemos permanecer y ser fieles . Permane...

Meditación y comunidad: la vida en común

Alguna vez, practicando la meditación, podemos llegara pensar que la meditación es cosa de estar "a solas" en el sentido de no necesitar a nadie. Podemos confundir la necesidad de establecerse personalmente en el camino, es decir, de que practicar es una cuestión personal, con que podemos hacerlo solos. Necesitamos que sea una decisión personal, pero es imprescindible, la comunidad. La presencia firme y estable de la comunidad, un grupo donde practicar, un lugar a donde volver... Muchos de nosotros practicamos porque hemos sentido el sufrimiento de la vida desarraigada, superficial...hemos sentido en nuestro cuerpo y nuestra mente el dolor del engaño, de la ignorancia, del apego y entonces nos hemos puesto a practicar, pero al practicar descubrimos que es necesario tener un lugar a donde volver. Un lugar físico, una casa, unas personas, un grupo y también una forma de practicar que sea un lugar de refugio y descanso. Buda formó una comunidad, Jesús formó una comunid...

Volver a empezar

Cuantas veces verdad volvemos a comenzar este camino de la meditación. De hecho, esta noche, estamos comenzando un nuevo año de encuentros semanales de meditación en ananda. Y cada uno de nosotros, allí al sentarnos en la ronda, tendremos la oportunidad de sentarnos o bien desde lo que ya "sabemos" o bien, desde la inmensidad de la mente de principiante.  Ojalá nunca dejemos de meditar, ni en verano, ni en los días feriados, ni en las vacaciones. Que ese tiempo de meditación siempre esté formando parte de nuestra cotidianidad. Pero lo cierto es que para mucho no siempre es así. Cuando el ciclo del grupo termina les es difícil sostener la disciplina en casa. Incluso durante el año, para muchos es difícil meditar fuera de la presencia del grupo y de la dinámica de los encuentros programados. Bueno, siempre es bueno volver y comenzar. En lugar de detenernos a mirar qué no hemos podido aún, podemos utilizar esa condición a nuestro favor. Que este "volver a empe...