
De agua, barro y poco más está hecha una vasija. Los antiguos de casi todas las tradiciones, cavaban un pozo, sacaban tierra (greda, arcilla o cualquier otra), la mezclaban con agua y algún elemento que le diera un poco de firmeza como conchas de mar molidas, pequeñas piedras o arena, y convertían aquello en un recipiente. Algunas culturas la secaban al sol, otras cerca del fuego donde cocían los alimentos, y otras dedicaban un fuego y rutina especial para cocer sus vasijas de barro. Así, las vasijas guardaban las semillas, las harinas, las tintas de colores, el agua, y hasta los cuerpos de los difuntos o sus cenizas.
En la meditación como camino, nosotros vamos convirtiéndonos en vasijas de barro, volvemos a la simplicidad de una vasija y desde allí nos encontramos con el sentido de la vida. Vasijas de barro, recipientes donde llevar lo que sea y estar siempre abiertos, disponibles, a lo que sea que nos toque llevar, pues el camino de la meditación no nos hará transportadores únicamente de "valiosos tesoros" sino que nos hará sencillamente vasijas, vacías y disponibles, para cargar lo que sea y transportarlo. (Aunque también es cierto que cuando logramos vernos en ese "vacío" de egoísmo, descubrimos que permanecer así es un tesoro).
En la meditación como camino, aprendemos que nuestra práctica es permanecer vacíos y saber reconocer nuestra naturaleza: arcilla, tierra y agua y tal vez un fuego que nos cueza poco a poco templándonos...( a veces más decorados por fuera otras ni tanto).
¿Qué sería para nuestra vida concreta sabernos vasijas, permanecer vacíos y disponibles a llevar con nosotros lo que sea nos toque llevar? Me lo pregunto no para fundamentar razones religiosas o ideales determinados sino, para mi vida concreta, para mis encuentros cotidianos, para mis dificultades como persona...¿qué sería convertirme en vasija de barro?
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