La vida con sus cosas, muchas veces no resulta como uno quisiera. Trabajar donde trabajas, vivir donde vives no es lo que esperabas...incluso quizás la persona que más amas, no siempre es como te la habías soñado ni como la conociste. Entonces todo esto trae sufrimiento a tu vida y si tu sufres, seguro que quienes están a tu alrededor sufrirán también porque tu sufres y porque los harás sufrir de una u otra manera.
Generalmente huimos del sufrimiento. O dejamos el trabajo o dejamos de involucrarnos en él (hacemos la plancha). O dejamos de cultivar la amistad con nuestros vecinos o vivimos peleando con ellos, o dejamos de involucrarnos con ellos. O nos separamos de la persona amada, o nos alejamos sentimentalmente aunque compartamos la misma casa.
Así, podemos llegar a ir con una mochila llena de sufrimientos propios todos, aunque creamos que han venido desde lejos. Pero no es la única alternativa que tenemos para practicar. También podemos permanecer y ser fieles. Permanecer en el camino, a pesar de las dificultades y ser fieles a la vocación de amar y de plenitud que es nuestra esencia.
Por ejemplo: cuando practicamos un ejercicio de yoga, una asana, lo primero que tenemos que aprender es a permanecer. Si estamos saliendo del ejercicio cada vez que se nos dificulta nunca podremos alcanzar la conciencia que el mismo nos propone. Si practicamos muy bien hoy pero hasta la semana que viene nada porque "hoy no tengo ganas" o "hoy no me llama la atención ir..." entonces lo que esta disciplina tiene para mí nunca me llegará a menos que yo sea fiel: ir a la práctica, sentarme a practicar aunque hoy no tenga ganas o no me inspire. Y así es con cualquier disciplina y en cualquier tradición: permanencia y fidelidad. Permanecer a pesar de la dificultad y ser fieles, manteniéndonos en el camino aun cuando el camino no parece ser tan "atractivo".
Que podamos permanecer a lo largo de la vida practicando. Que cada día de vida sea,
para cada uno de nosotros,
una oportunidad de practicar y redescubrir
el milagro que significa estar vivos.
Y animados entonces por esa experiencia misteriosa
que llamamos vida, podamos compartir la alegría
y la esperanza de seguir caminando.
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