¿Qué oponerle a la hostilidad que nace en nosotros y crece con cada minuto de meditación tantas veces? ¿Cómo lidiar con tanta agitación? ¿Cómo llegar a la compasión y la atención partiendo de la inquietud y los ideales del ego?: pues sembrando y cultivando la suavidad necesaria como para tocar un pluma y sentirla. No tu mano tocando una pluma sino, la pluma misma.
La tradición de la meditación nos propone aprender a decir un mantra. A decir un mantra, a recitarlo, a repetirlo, aprender a entrar en el silencio (y muchas veces esperar a que suceda) con una actitud orante. Siéntate, cierra los ojos y comienza a decir tu mantra. Puedes decirlo de forma que alguien a dos metros tuyo la escuche, puedes decirlo de tal forma que sólo la escuche alguien que está a tu lado, o puedes decirla mentalmente y sólo tú lo escucharás. Pero dilo una y otra vez, y al terminar vuelve a empezar. Pídele a tu cuerpo que se deje estar en esa quietud y que en el equilibrio de la palabra repetida, que tu respiración se regule. Pídele a tu mente que se calme y escuche lo que la palabra va a revelarle. Mientras tanto, tu solo di tu palabra, una y otra vez.
Si practicamos así, esa palabra (que puede ser una oración, una frase o un nombre), apoyándose en la estabilidad del cuerpo y en la regulación de sus ritmos, nos conducirá a lo profundo de nosotros, irá más allá de lo que los demás dicen de nosotros mismos, de lo que se nos ha inculcado, de lo que hemos tomado de prestado muchas veces para no correr el riesgo de mirar a lo profundo a ver qué más hay. Seguramente tendremos que elegir la palabra, aprender a ponernos en situación, y saber esperar...todo esto será muchas veces "acto de fe" y de compartir en comunidad con un amigo o un grupo. Pero poco a poco, lo iremos confirmando: permanecer sentados, enraizados en la quietud del cuerpo y en el silencio sostenido, confiar en esa profundidad que la repetición de nuestra palabra va revelando, es entrar definitivamente en el misterio de la vida pulsando en cada uno de nosotros. Es el amor atendiéndonos de forma personal. Es la compasión curándonos y la bondad expresándose. Lejos de perdernos estamos encontrándonos aunque hayamos comenzado este camino aprendiendo a soltarnos.
Elije tu mantra y siembra con él, la humildad y suavidad de la meditación.
Que sepamos ponernos en el lugar donde la vida está creándose y creándonos.
Que sepamos sembrar la humildad necesaria para reconocer lo que nos trasciende: ese misterio que pulsa en cada uno de nosotros.
Y que en el camino de la meditación podamos aprender a honrarlo, amarlo y compartirlo.

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