Esta es una tensión que siempre se nos presenta en el camino de la meditación: ¿cuánta práctica? ¿cuánta teoría?
Cuando a finales de 1800 la tradición del yoga y la meditación irrumpió en los ámbitos filosóficos, religiosos y terapéuticos del occidente europeo primero, con la llegada permanente de swamis y renunciantes de diferentes órdenes y sectas de la India, este concepto quedó grabado a fuego: "más vale un poco de práctica que kilos de teoría." En una cultura de filosofía práctica como lo era la cultura espiritual de la India este concepto estaba en su justa medida, aunque también allá había sido muy seria la tensión ocasionada entre ritulaismo y filosofía, o entre especulación filosófica y practicidad de la filosofía...entonces ahora le tocaba a occidente pensar "¿cuánto de práctica, cuánto de teoría?"
Aún hoy esta tensión la tenemos todavía por resolver. Muchas veces leer un libro sobre meditación que nos entusiasma de gran manera, o conocer a un Maestro, o escuchar una bella charla por el grado de entusiasmo que nos impregnan nos parece que será suficiente. Aunque no lo digamos así, es como lo vivimos. Y en cierta manera es cierto digamos...si hemos escuchado o leído algo que nos anima, ya es suficiente. No tendríamos por qué saber o leer o escuchar más nada. Pero ocurre que olvidamos la segunda parte de esto: practicar la disciplina necesaria para que esa verdad que nos anima pueda ser absorbida por nuestra mente y nuestro corazón. Practicar la disciplina por la cual iremos olvidándonos un poco de ese estudio "autoreferencial" que nos impide el verdadero autoconocimiento.
Encontrar el equilibrio entre teoría y práctica quizás tenga que ver con ello: cuando encuentras algo en la teoría de la meditación y el autoconocimiento que te inspira y motiva, llévalo a la práctica. Sin más. Ponlo en práctica desde ya y hasta que se agote como fuente de inspiración. Así aprendemos a mirar más allá de la fragmentación y división interna con que el ego intenta que miremos y comenzamos a mirar desde la perfecta unidad donde todas nuestras "partes" se armonizan y cada una se ubica en su justa medida y lugar...eso sea tal vez el autoconocimiento.
Sentarnos a meditar cada día es sentarnos a enraizar con la vida, a sintonizar con la dinámica de la realidad. Es ubicarnos en orden de conciencia con el amor, con la bondad y la libertad que nos hace libres y pulsa por liberar a los demás. Y esto no es una linda teoría, no es una idea romántica acerca de la espiritualidad. Esto es la espiritualidad: la práctica de sentarnos cada día a concentrarnos en el más allá de nuestro ego, que muchas veces lo expresamos como un dejarse partir a uno mismo...
Es por la puesta en práctica de estas hermosas teorías, que alcanzamos esa comprensión. Pero la puesta en práctica de la teoría de la meditación significa sentarmos a meditar, cada día un buen rato para descubrir qué hay verdaderamente en el centro de nuestro ser: qué somos, hacia dónde vamos y qué hacemos aquí.
Que la meditación sea cada día, para cada uno de nosotros, la búsqueda y el encuentro, la sed y el agua, el camino por el cual vamos liberándonos del sufrimiento y comenzando a saber quién es que somos. Que la meditación sea nuestro refugio y que nos convierta en refugio para los demás.

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