Hoy a la mañana muy temprano, en la habitación en la que cada día escribo estas notas, el aire parecía cargado, como cuando necesitamos ventilar. Entonces corrí completamente una de las hojas de la ventana y esperé como una décima de segundo para recibir la brisa que vendría de afuera en un sexto piso. Hice todo lo que estaba a mi alcance: notar el aire denso, subir la persiana, abrir la ventana y quedarme, permanecer allí para sentir la brisa. Luego la brisa llegó. El suave viento de la mañana cuando está amaneciendo. Fresco, con olor a las copas de los árboles, con esa humedad de la primera hora. Entonces me senté y cerré los ojos por unos cuantos minutos. La brisa en la cara, algunos papeles que se movían sobre la mesa del escritorio, la media luz en la habitación y mi mente en calma después del sueño reparador.
La experiencia espiritual es como esa brisa llegando por la ventana. Es un anuncio, una novedad, una noticia. Nosotros practicamos, hay una cuota de esfuerzo, un esfuerzo también por mantener el equilibrio y no forzar, estudiamos para comprender, compartimos con otros para sostener esa práctica, pero no es mucho más lo que podemos hacer. Luego esperar activamente y con humildad y estar dispuestos a sentir esa brisa que refresca, que nutre, que es una caricia y que también puede ser un viento que mueva papeles.
Uno necesita de esas experiencias espirituales para seguir en el camino -porque son como grandes fuerzas motivadoras- y también para transformar todo aquello que necesita ser transformado. Como te habrá ocurrido muchas veces este verano, habrás necesitado una brisa que te refresque pero las altas temperaturas no cedían, entonces ¿qué hiciste? Prendiste un aire o un ventilador o te abanicaste. Ese es el momento de la práctica, lo que uno hace, el esfuerzo personal y de la comunidad que practica junta. Otro día hubo un aire tal vez a la noche y lo disfrutaste mucho, muchísimo...abriste la ventana y gozaste de ese “anuncio”… esa es la experiencia espiritual.
La experiencia espiritual nos nutre de gozo. Es una alegría diferente. Es una alegría que nace desde adentro. Confirmar que la práctica nos anuncia cosas, que nos trae “novedades” acerca de nosotros y de la vida misma es una gran fuerza motivadora basada en el gozo. Esa alegría nos da valor y nos fortalece. Los temores se desvanecen y nos sentimos fuertes para continuar y emprender nuestro camino a pesar de las dificultades, pues ahora contamos con esa experiencia. Pero hay una dimensión aún más trascendente en todo esto. Cuando vivimos una experiencia espiritual descubrimos que no estamos solos frente a la vida. Descubrimos que nos sostiene una fuerza creadora que no tenemos que salir a conquistar sino que simplemente está allí y que proviene de donde proviene esa experiencia gozosa: de nuestro corazón. La práctica sostenida con esfuerzo y humildad le abrirán paso y gozaremos de la alegría que proviene del Alma.
Cuando vivimos una experiencia espiritual sabremos desde ese día y para siempre, que no estamos solos. Luego nuestro propio camino, nuestros esfuerzos y distracciones, nuestro andar por la vida, pero ya lo sabemos: no estamos solos.
* "Como una ventana abierta" texto N° 21 de 40 textos compartidos para meditar entre los meses de marzo y abril de 2025

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