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La meditación y el aeropuerto

 


Eran los últimos minutos en Cusco. Ya habíamos despachado las maletas, habíamos hecho el control de seguridad y sólo quedaba esperar que desde la puerta 2 llamaran a nuestro grupo para embarcar. Un pequeño espacio, mucha gente, un poco de retraso, los chicos de la compañía pidiendo por el micrófono “voluntarios” para modificar el itinerario…todo bien propio de una partida lenta y resistida por nosotros: es que nunca queremos irnos del valle sagrado. Entre las filas desordenadas de pasajeros encontramos un pequeño lugar contra una pared cerca de los carteles “grupo 1, grupo 2, grupo 3…”. 

De pronto, una señora que estaba muy cerca mío se da vuelta y mirándome a los ojos, con un tono suave y en un volumen de voz que parecía desconocer el ruido del lugar me dice:

-señor, usted va para Santiago?

-vamos para Montevideo, pero sí, pasaremos por Santiago… 


En el momento vi delante mío una señora sola, cargando un bolso, algo temerosa, que seguramente necesitaría ayuda y compañía pero nunca imaginé que tendríamos tanta intimidad. Entonces ella continuó la charla:


-Yo soy de acá, del Cusco, pero hace años vivo en Santiago, ahora vine porque tenía una hermana enferma…bueno, ahora vine a su entierro

-ah, ¿falleció su hermana? -pregunté

-sí, yo vine antes, en mis vacaciones, ahí tuvimos tiempo, estuve con ella, pero esta vez no llegué. Estaba haciéndome unos estudios, arreglando con mi trabajo para venirme cuanto antes, pero no llegué…ella no se moría pidiendo por mí…decía “¿y cuándo llega?”, pero no llegué. 

-Entonces vi en su rostro mucho dolor y angustia y pensé rápidamente cómo sacarla de ese momento y de esa cuota de dolor respetando su conversación, su intención y su necesidad de hablar del tema. Le dije:


-¿Y la vez anterior tuvo tiempo para estar entonces con ella?

-sí -me dijo

-y hablaron, compartieron…

-ah…si, eso sí -se apuró a contestar sin interrumpirme- estuvimos juntas, hablamos, nos despedimos de alguna manera…


Hubo un momento de silencio. Quizás su mente repasó esos momentos. Me pareció que recobró la calma, entonces pregunté:

-¿Usted tiene fe? 


Yo sé que en medio de un duelo hacer esa pregunta es caminar por el pretil…¿y si no tiene fe? ¿Y si la persona está en esa fase de enojo y dolor que no le permite confiar? Pero fue escuchar la pregunta y su mirada cambió. Sus ojos recobraron cierto brillo. Me miró, con el mismo dolor en su rostro pero ahora además, con algo más de calma y me dijo:


-si claro, creo en Dios. Yo perdí una hija también por cáncer igual que mi hermana. Pero ella tenía 42 años. Muy joven…pero uno piensa…no podemos entender algunas cosas, por algo Diosito se habrá acordado de ella.


La conversación continuó por esos delicados equilibrios pero ya en el ámbito de la fe. Ella con menos angustia y yo impresionado por su honestidad y su historia de dolor, impresionado también por ese momento que vivíamos fuera del tiempo, fuera de todo lo que ocurría en el lugar. Cómo los seres humanos podemos ser tan cercanos a veces sin habernos conocido nunca.


De pronto anunciaron que empezábamos a embarcar, cada uno por su grupo. La gente se amontonó aún más, los micrófonos seguían sonando, nos apretamos en las filas y subimos al avión. No volvimos a encontrarnos ni siquiera al llegar a Santiago. Luego nosotros subimos a otro avión con destino a Montevideo. (Cusco siempre se porta así conmigo, me da oportunidades hasta en los últimos momentos).


En aquella mañana, con el sabor algo amargo de la partida, vivimos la experiencia de la práctica más real de todas: “lo más importante de una meditación ocurre entre una meditación y la siguiente”. No en el salón, ni sobre el math, ni siquiera frente al altar. La oportunidad de practicar y progresar en el largo caminar que llamamos “vida”, se nos presenta precisamente, en la vida cotidiana, de forma inesperada y porque practicamos (en el salón, sobre el math o frente al altar), es que nos encuentra. Nos mira a los ojos en los ojos de alguien que busca una respuesta y puede darnos un instante de eternidad en medio de un agitado aeropuerto.


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