Meditación y reflexión.
Martín y Sandra desde Valle Sagrado en Cusco, Perú.
A la tarde sentados en el jardin del hostal tomamos un café como invitados por un sillón de mimbre que nos aguarda entre flores y canteros de piedra, cerca, muy cerca de una pequeña fuente. A pocos metros el río suena entre piedras y espumas...Es tardecita en el pueblo de Ollantaytambo, cae el sol y se dibuja frente a nosotros, la silueta enorme de la montaña. Y comienza a soplar la brisa que hará bajar mucho la temperatura en pocos minutos. Un gato se ha acercado pidiendo compañía y abrigo. Todo parece perfecto: el clima, la luz en la montaña, las sombras, la taza de café apoyada en la piedra del cantero que nos acaricia de flores y aromas y nosotros, que intercalamos momentos de silencio con momentos de honda comunión. Y nos hemos preguntado por que nos maravilla tanto este lugar, esta naturaleza imponente, este pasado tan lejano y tan "presente" de las ruinas y de la forma de vivir de esta gente sencilla.
¿Que nos marvilla?¿Quien es que se maravilla en uno? Nos preguntamos que es lo que se maravilla en nosotros...¿No es eso que despierta nuestra fascinacion lo que esta presente en nosotros y sin lo cual no podríamos "maravillarnos"?
La meditacion nos va conduciendo poco a poco, a reencontrarnos con esa presencia en nuestro interior sin la cual todo pasa a ser parte de la monotonía, el condicionamiento, la vida automatizada...incluso puede ser eficiente y hasta exitosa, pero vacía, lejana y ausente de esa presencia que desde nuestro interior nos pone en la sintonía del Espíritu. Y nos preguntamos o mas bien, nos recordamos, que si pudiéramos ver con los ojos de esa presencia, si pudiéramos andar en sus huellas, todo seguramente nos marvillaria como esta tardecita aquí en Valle Sagrado, al pie de la montaña.
La disciplina de la meditacion, el sentarnos una y otra vez a meditar, es una gran parte de lo que podemos hacer por mantener en nuestra vida interior la presencia viva del Espíritu.
Hoy podemos sentarnos a experimentar ese poder en nosotros que cautiva la belleza que la vida tiene. Podemos dejarnos "convencer" de que lo mas bello del paisaje somos nosotros, nuestro corazón amante, que arde de libertad y pasión. Hoy, podemos convocar o pedir o rogar esa gracia que es don de vida: experimentarnos completamente humanos.
Martín y Sandra desde Valle Sagrado en Cusco, Perú.
A la tarde sentados en el jardin del hostal tomamos un café como invitados por un sillón de mimbre que nos aguarda entre flores y canteros de piedra, cerca, muy cerca de una pequeña fuente. A pocos metros el río suena entre piedras y espumas...Es tardecita en el pueblo de Ollantaytambo, cae el sol y se dibuja frente a nosotros, la silueta enorme de la montaña. Y comienza a soplar la brisa que hará bajar mucho la temperatura en pocos minutos. Un gato se ha acercado pidiendo compañía y abrigo. Todo parece perfecto: el clima, la luz en la montaña, las sombras, la taza de café apoyada en la piedra del cantero que nos acaricia de flores y aromas y nosotros, que intercalamos momentos de silencio con momentos de honda comunión. Y nos hemos preguntado por que nos maravilla tanto este lugar, esta naturaleza imponente, este pasado tan lejano y tan "presente" de las ruinas y de la forma de vivir de esta gente sencilla.
¿Que nos marvilla?¿Quien es que se maravilla en uno? Nos preguntamos que es lo que se maravilla en nosotros...¿No es eso que despierta nuestra fascinacion lo que esta presente en nosotros y sin lo cual no podríamos "maravillarnos"?
La meditacion nos va conduciendo poco a poco, a reencontrarnos con esa presencia en nuestro interior sin la cual todo pasa a ser parte de la monotonía, el condicionamiento, la vida automatizada...incluso puede ser eficiente y hasta exitosa, pero vacía, lejana y ausente de esa presencia que desde nuestro interior nos pone en la sintonía del Espíritu. Y nos preguntamos o mas bien, nos recordamos, que si pudiéramos ver con los ojos de esa presencia, si pudiéramos andar en sus huellas, todo seguramente nos marvillaria como esta tardecita aquí en Valle Sagrado, al pie de la montaña.
La disciplina de la meditacion, el sentarnos una y otra vez a meditar, es una gran parte de lo que podemos hacer por mantener en nuestra vida interior la presencia viva del Espíritu.
Hoy podemos sentarnos a experimentar ese poder en nosotros que cautiva la belleza que la vida tiene. Podemos dejarnos "convencer" de que lo mas bello del paisaje somos nosotros, nuestro corazón amante, que arde de libertad y pasión. Hoy, podemos convocar o pedir o rogar esa gracia que es don de vida: experimentarnos completamente humanos.
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