Martín Gonzàlez Cremonesi
reflexión y meditación
Muchas veces hemos leído o escuchado, que las cosas más profundas de la espiritualidad requieren de un corazón y una mente sencilla. No es nuevo para nosotros, hombres y mujeres de la modernidad, que las cosas espirituales requieren de ese tipo de desapego, o mejor dicho quizás, que el desapego también abarca la dimensión de la sencillez interior.
Tal vez debiéramos preguntarnos de dónde viene esta idea. Cuál es su fuente. Probemos reflexionar juntos:
¿Cómo es que nos hemos vuelto complicados? Tratando de mejorar. Hemos ido incorporando costumbres, hábitos, conceptos, habilidades, objetos, profesiones que llegaron a nosotros en ese intento por mejorar, por ser mejores personas. Nos hemos vuelto complicados en la medida de que el ser sencillos fue quedando como sinónimo de pobre. Y pobre (no tener mucho) fue quedando relacionado a no valer...y no valer, a sufrir. Y a nosotros no nos gusta sufrir, por lo tanto, el camino de salir del sufrimiento ha sido trazado como el camino a ser más, valer más, tener más, incorporar, adquirir y así, sin querer nos complicamos.
Pero, ¿de dónde nos viene esa secuencia de que tener poco es valer poco y que por valer poco sufriremos?
Y...del mundo en el que vivimos y su lógica...pero, ¿es realmente así? ¿Proviene "del mundo" o de "nuestro" mundo, del que creamos y en el que creemos?
El sufrimiento parece venir de la noción de que estamos incompletos. Esa sensación constante de que necesitamos completarnos para ser felices, para ser amados. Como si no se nos pudiera amar por lo que ya somos. Por eso nos complicamos, porque necesitamos como cuestión de vida sentir que se nos ama, y hemos internalizado la noción de que no se nos amarà si no nos mejoramos. Claro que debemos avanzar, crecer desarrollarnos, pero ¿es eso mejorarnos? ¿es mejorar, incorporar aditamentos como si se tratara de una mejor versión de uno mismo?
Entonces quizás podamos acceder a la idea que luego se transforme en sentir y más tarde en acción de que lo que tenemos que experimentar es el amor incondicional. Lo que debemos cultivar y experimentar, lo que necesitamos realmente hacer crecer es la fuente del amor incondicional en nosotros para asì no temer, pues el sufrimiento es siempre originado por el temor. Puede que se exprese en infinidad de situaciones y experiencias, pero si miramos bien, el origen del sufrimiento está en el temor...a no ser amados.
Por eso debemos ser más simples y sencillos, porque no escaparemos más hacia formas complicadas de la realidad y de nosotros mismos. Porque cuando uno es simple acepta la oscuridad que lo llevará hacia la luz, cuando uno es simple acepta el silencio como forma de escucha y de conocimiento.Y eso es la pobreza de la que la espiritualidad nos habla. Mantenernos en ese nivel de permanecer con lo que somos para que se nos revele como una única realidad: lo que somos y lo que es.
Podremos encontrarnos asì con que esa pobreza cósmica -no la que surge de la injusticia humana- sino la pobreza que nos mantiene conscientes de que el amor ya està en nosotros y que se nos revela en esa profundidad que alcanzamos cuando no nos complicamos adquiriendo recovecos espirituales. Una parte de nosotros, nuestro ego gritará que para que se nos quiera debemos mejorarnos y volvernos complejos (como una computadora, un automóvil o unas glamorosas vacaciones)...de esa voz es de la que tenemos que desapegarnos. Otra parte de nosotros sabe que ya somos amados, y nos pide que nos mantengamos simples y sencillos, como un árbol, como una flor, como un pájaro. El camino de la espiritualidad,el sadhana, que sintetiza nuestro único esfuerzo, quizás sea saber escuchar y poder hacer que palabras como desapego, sencillez, pobreza, sintonìa, no queden atrapadas en frases románticas sino que sean el faro y la luz de nuestra práctica y experiencia.
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