El silencio es un amigo
que llega
viene a mí y me toca,
diciéndome al oído quién es que soy
entre tantos movimientos del tiempo.
Entre tantas agitaciones de la vida.
El silencio viene, llega
y no irrumpe sino que invita
y no culpa sino que pregunta
rozándome como un cariño querido
como un amor que desde siempre
me ha amado.
Y despierta en mí,
esa vocación que atraviesa distancias
distancias afuera y adentro,
distancias de amor y de guerra
palabras distantes y ruidos hirientes.
El silencio es así,
calmo
que calma mi alma tantas veces inquieta
y tiene manos de mujer y piernas de hombre.
El silencio es así,
viene, llega, me roza, me ama, susurra,
saluda y dice mi nombre
con letras humildes y sencillas que voy aprendiendo.
El silencio me invita a la vida
y espera por mí pues voy decidiéndome.
Me anima. Me inspira. Y también me espera,
y tantas veces me redime y me vuelve a redimir.
Así, camino el mundo, peregrino que va naciendo,
y me pregunta el silencio
si soy amigo de los pasos simples de los que vienen
conmigo
si soy lámpara y si soy niño,
si soy viuda y si soy ladrón que se arrepiente.
Me pregunta el silencio, en las palabras que no me dice
cuántos mundos atravieso,
a cuántas barcas me he subido y navegado
incluso, en medio
de mis tormentas
…y me calma, me mira y sonríe el silencio
procesión del Espíritu, meditación caminante.
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