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Dejarse transformar: la enseñanza no es una amenaza


…Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.
Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís:
Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos.
Lucas 7.33



En el libro tibetano de los muertos, se encuentra un poema donde se trata la importancia o la necesidad que tenemos de seguir un camino, de permitirnos “tomar refugio” en una enseñanza espiritual. En ese poema, podemos leer:
“De las bocas de los santos brotan estas palabras:
Si no conservas en tu corazón la enseñanza de tu maestro,
¿no te convertirás en tu propio impostor?

El mismo Buda en un texto que se llama “Las cuatro confianzas” dice:

“Confía en el mensaje del maestro, no en su personalidad;
Confía en el sentido, no sólo en las palabras;
Confía en el sentido real, no en el provisional;
Confía en tu mente de sabiduría, no en tu mente ordinaria y llena de prejuicios.”

En una ocasión Jesús se preguntó a qué se parecían las gentes que trataban de engañarlo, de enredarlo y que cuestionaban todo lo que él hacía. Según Lucas, dijo Jesús que a Juan el Bautista no le habían creído porque era demasiado estricto. Ayunaba, vivía en el desierto, se vestía con un taparrabos y a la orilla de un río bautizaba a las personas y transmitía sus enseñanzas, seguramente, muchas veces en un tono un tanto duro. Pero luego, las mismas personas, generalmente representantes del poder, del estatus quo de la sociedad en la que Jesús nació y creció, también le cuestionaban a él que era demasiado flexible. Se trataba con publicanos y pecadores, le gustaba comer y tomar junto a sus amigos… Y por eso lo cuestionaban: por su amistad con la alegría y los pecadores.
En esa ocasión, dice Jesús que “la sabiduría se justifica por quienes la aceptan”.

Dos mil años después de aquellos comentarios de Jesús y también de las cuatro confianzas del Buda, aún seguimos viendo a la enseñanza como una amenaza. Nos amenaza, nos da miedo, desconfianza, inquietud. Le ponemos límites porque avasalla algo de nosotros que pretendemos defender aunque no sepamos bien qué es. ¿No serán quizás nuestros prejuicios? ¿No será nuestra mente ordinaria que se resiste? ¿No será que aun hoy, cuestionamos a quienes nos proponen un camino estricto y disciplinado y cuestionamos también a quien nos propone un camino más flexible y relajado, porque en definitiva no estamos decididos a avanzar hacia la libertad y la felicidad dejando atrás la desconfianza? Buda dice: confía en el mensaje…en el sentido real…en tu mente de sabiduría…confía.
Jesús aclara: “la sabiduría se justifica por quienes la aceptan”. La sabiduría se vuelve verdad cuando la aceptamos. Cuando le hacemos lugar en nuestro corazón, cuando nos permitimos confiar, entonces la sabiduría de un maestro o de un camino se justifica, se demuestra. Mientras, solo es la expresión en otro, solo es el comportamiento del otro, sus palabras, sus acciones…Mientras, solo es nuestra mente ordinaria que mira. Pero cuando le hacemos un lugar en nuestro corazón, su obrar, la transformación que opera en nosotros la justifica y la vuelve verdadera. Todos los maestros, emanaciones de la verdad, expresión de Dios, son el camino a experimentar una vez más nuestra naturaleza. Sus enseñanzas no son una amenaza a nuestro bienestar sino tan solo a nuestros prejuicios. Lo que Jesús trata de invitarnos a pensar es que es más importante tomar la enseñanza que seguir al maestro. Más importante es aceptar lo que nos enseña y pasarlo por nuestra vida para así “justificar la sabiduría” de su enseñanza, que estar fijándonos en su persona. 

Cuando tomamos contacto con la verdad, cuando dejamos que la verdad entre en nuestro corazón, tendremos “una conexión viva con el maestro” a decir de Sogyal Rimpoché.  Los maestros no están allí para amenazar nuestra libertad ni para robarnos el bienestar, por el contrario, ellos son el camino de vuelta a nuestra verdadera naturaleza y cuando esa naturaleza sabia y compasiva anida en nuestro corazón establecemos una amistad espiritual con el maestro.

Hoy te invito a pensar que estás caminando un largo camino y que llevas un equipaje que en algunas ocasiones quizás no te será tan útil. Un buen remedio es estar dispuestos a soltarlo. Que es confiar y mirar más allá del sentido provisional, más allá de la personalidad del maestro, más allá de sus palabras. Confiando aprendemos a aceptar la transformación.  Confiando cultivamos la humildad y la sencillez. Y adquirimos la fortaleza necesaria para hacer frente a las dificultades de la vida, este largo viaje de vuelta a casa.



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