Ir al contenido principal

Tantas formas de ir a la guerra

…Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:
«Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan,
 y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo…
 Lucas (6,20)


Hacía tiempo antes de que llegaran unos amigos para su práctica de yoga y miraba por la ventana hacia la calle. Medio día entre semana, en una calle céntrica. La gente pasa, los autos pasan, el muchacho de la rotisería va y viene con bolsitas con comida rápida. Frente a la puerta de nuestra casa, sobre la vereda de enfrente, los contenedores de basura como monumentos. Sucios, herrumbrados, con maderas y restos de lo que no queremos en nuestras casas, allí tirado por el suelo de una calle demasiado rápida para que podamos ver lo que le hacemos con nuestra impaciencia y nuestro descuido. Una calle que nos regala la sombra de plátanos altos que parecen escapar al cielo evitando encontrarse con los vecinos que tan poco los reconocemos.
De pronto, viene un carro tirado por caballo cargado de bolsas de basura, envases de plástico y grandísimos cartones. Sobre todo eso, tres muchachos. Dos de ellos de unos 18, 19 años y uno bastante más chico, tal vez de unos 10 años. Los tres, con ropa muy sucia y rota. Con sus championes sin cordones, con sus pantalones decolorados y rotísimos. Físicamente, ellos son la expresión de la niñez pobre: cuerpos fibrosos, una musculación que creció por el trabajo más que por la comida, las caras manchadas por el sol, por las heridas, por la falta de nutrientes.
Ellos detienen su carro en medio de la calzada, y nadie los ve. Conductores impacientes que si se tratara de otro auto harían, seguramente sonar sus bocinas, los esquivan y siguen de largo. Nadie ve, nadie mira. ¿Todos temen?
Ellos de un salto se bajan. Hay dos contenedores de basura, tres chicos,  un caballo y cientos de conductores y peatones que no ven, que no miran… ¿todos temen?
Ellos se repartieron la tarea: en cada contenedor entró un chico y el tercero se quedó afuera, organizando su tesoro. Cartones arriba bien doblados. Botellas en la bolsa enorme de palstillera que cuelga atrás en el carro y lleva los envases plásticos pisados para que ocupen menos espacio. Media hora les lleva la tarea. Media hora en que fui quedándome cada vez más perdido en esa batalla que sucedía frente a mis ojos. Ese bombardeo. Esa milicia de niños y jóvenes.
Ellos completaron su trabajo mientras el caballo esperaba cambiando la pata de apoyo cada quince minutos más o menos. Y culminada la tarea salieron de los contenedores, aunque al más chico tuvieron que ayudarlo, era muy bajo y no podía solo. Mientras se sacudían la mugre que les quedó adherida al cuerpo el mayor fue a las cabeceras de los contenedores y trajo las bolsitas que cuelgan algunos vecinos con restos de comida…que no comerían ellos, (los vecinos). La gente pasaba a su lado, alguien incluso trajo una bolsa de basura y la puso dentro golpeando la tapa. Mirando con recelo la escena. Alguien los vio, y tuvo algo de miedo.
Ellos, hablaban sonrientes entre ellos haciendo una pequeña ronda de tres. Bajo el carro que seguí detenido a mitad de calzada y que ningún conductor parecía ver: todos lo evitaban silenciosamente. (¿Quizás era al revés? ¿Todos lo veían y por eso el silencio?) Entonces el mayor, el que había ido a la cabecera de los contenedores a tomar la bolsita con comida (que nadie quiere comer), las abrió y repartió lo que había entre los tres. Y comieron de allí. En esa pequeña ronda de tres, comieron lo que había en las bolsitas, colgadas a las cabeceras de los contenedores de basura.
No hubo mesa con mantel en su medio día. No hubo refresco ni postre. No hubo agua para lavarse las manos ni para tomar. No hubo una silla para descansar. No hubo comida caliente ni fresca. No hubo fruta. No hubo un microondas para calentarla, ni una heladera. No hubo verdura orgánica ni transgénica. Aquello era un bombardeo, o mejor dicho, lo que viene después de un bombardeo, donde sobreviven los que pueden  como pueden. Yo lo veía desde mi ventana: en la otra acera, el cartel de una agencia de cobranzas donde todos vamos por suerte, a pagar nuestras cuentas cómodamente, cerca de casa. Allí podemos pagar todo y hacer giros y cobrar incluso las pasividades. Allí por suerte los trabajadores tienen un doble vidrio de seguridad y una puerta blindada y una caja fuerte con cerradura de retardo. Por eso, el ocal y su cartel luminoso ha “sobrevivido” al bombardeo. Por eso sobrevivo yo, tras mi ventana, esperando.
Ese medio día hubo un bombardeo frente a mi casa, en pleno centro de la ciudad. Y yo me pregunté, qué estaba haciendo yo, en esa guerra. Mi civilización del desarrollo, de la abundancia y del crecimiento nos ha conducido a esa guerra y no hay paz en medio oriente si en “medio occidente” no advertimos que la guerra es en todas partes y con todas las gentes. Porque es una guerra que está en nuestro corazón. Regocijados en la abundancia, en el confort, en la comodidad. Regocijados en el éxito. Persiguiendo el crecimiento, vamos a la guerra cada día y nos ponemos en el bando de los poderosos detrás del vidrio y la puerta blindada. Nos alejamos del Espíritu cerrando el portón automático y oscureciendo los vidrios. Porque antes cerramos nuestro corazón y oscurecimos nuestra mirada.

No apoyar la guerra contra Siria… ¿qué sería en nuestro diario vivir? ¿Podremos ver en los ojos del que sufre aquí en Uruguay, el sufrimiento del que sufre allá en Siria? 
Que nuestro tiempo de meditación sea, un tiempo de abrir nuestro corazón a la verdad del mundo de hoy que nos necesita, a cada uno de nosotros, extendiendo la mano y mirando a los ojos del que sufre.  Allí está la alegría del pobre, allí está el consuelo del que llora: encontrarse con alguien que le da algo más que una bolsita con comida que no se comería o una moneda que le sobra. La alegría no está en sabernos a salvo del bombardeo. La alegría no está en saber que podemos hacer algo. La alegría está a la espera de que nuestro corazón se deje conmover por el dolor ajeno. Esa llegada de nuestra compasión al resto del mundo es la llegada del Reino de Dios, la lógica del Espíritu.
¿Porque qué será el reino de Dios sino, los seres humanos viviendo en el espíritu de la misericordia, de la compasión y la alegría?

Hoy te invito a orar por la paz en el mundo. Porque la compasión toque el corazón de los que tienen la posibilidad de decidir. Porque nos encontremos todos también entre los que tienen esa posibilidad de decidir dejarnos conmover por el sufrimiento ajeno. Para que podamos establecer juntos, la lógica del Espíritu aquí y ahora.




Comentarios

Entradas populares de este blog

La meditación y el aeropuerto

  Eran los últimos minutos en Cusco. Ya habíamos despachado las maletas, habíamos hecho el control de seguridad y sólo quedaba esperar que desde la puerta 2 llamaran a nuestro grupo para embarcar. Un pequeño espacio, mucha gente, un poco de retraso, los chicos de la compañía pidiendo por el micrófono “voluntarios” para modificar el itinerario…todo bien propio de una partida lenta y resistida por nosotros: es que nunca queremos irnos del valle sagrado. Entre las filas desordenadas de pasajeros encontramos un pequeño lugar contra una pared cerca de los carteles “grupo 1, grupo 2, grupo 3…”.  De pronto, una señora que estaba muy cerca mío se da vuelta y mirándome a los ojos, con un tono suave y en un volumen de voz que parecía desconocer el ruido del lugar me dice: -señor, usted va para Santiago? -vamos para Montevideo, pero sí, pasaremos por Santiago…  En el momento vi delante mío una señora sola, cargando un bolso, algo temerosa, que seguramente necesitaría ayuda y compañí...

Dios o el ser humano, ¿quién está ausente?

Creo en Dios. Y además de tener fe en ello, he tenido también experiencias que afirman esa fe y están en la base del sentido de la vida para mí. Pero también es cierto que ante ciertas situaciones de vida, muchas veces me hago la pregunta del título: ¿quién está ausente? ¿Dios o el ser humano? Dos o tres mil años atrás estaba bien que el ser humano confiara en un Dios que lo libraría de una enfermedad, de una inundación, de que otro pueblo lo conquistara...era lógico que le atribuyéramos a Dios el rayo que caía del cielo e incendiaba la pradera o la sequía que traería hambre...Dios era no sólo lo que daba sentido a la vida sino que era la vida misma. Luego la humanidad evolucionó en materia de conocimiento y el concepto de Dios y la experiencia de Dios también fue evolucionando. ¿Quién puede creer que hay un ser que envía enfermedades y pestes a los enemigos de un pueblo contra otro o quién puede afirmar que hay en algún lugar de universo una persona que decide quien es feliz y quien ...

Como una ventana abierta*

Hoy a la mañana muy temprano, en la habitación en la que cada día escribo estas notas, el aire parecía cargado, como cuando necesitamos ventilar. Entonces corrí completamente una de las hojas  de la ventana y esperé como una décima de segundo para recibir la brisa que vendría de afuera en un sexto piso. Hice todo lo que estaba a mi alcance: notar el aire denso, subir la persiana, abrir la ventana y quedarme, permanecer allí para sentir la brisa. Luego la brisa llegó. El suave viento de la mañana cuando está amaneciendo. Fresco, con olor a las copas de los árboles, con esa humedad de la primera hora. Entonces me senté y cerré los ojos por unos cuantos minutos. La brisa en la cara, algunos papeles que se movían sobre la mesa del escritorio, la media luz en la habitación y mi mente en calma después del sueño reparador.  La experiencia espiritual es como esa brisa llegando por la ventana. Es un anuncio, una novedad, una noticia. Nosotros practicamos, hay una cuota de esfuerzo, un ...

Ser de los que creen *

  Vaya si la vida es complicada. Vivir es complicado y más aún cómo vivimos nosotros, cómo vive nuestra generación. Todo es una red de compromisos y de exigencias: el rendimiento, el estudio, las cuentas, las relaciones humanas difíciles, el engaño, la superficialidad, la falta de cercanía y honestidad...la ignorancia con la que vivimos acerca de las cosas profundas de la vida. Buda dijo, “la vida es sufrimiento” y lo es, es una constante adaptación que nos genera mucho dolor. Pero también dijo: “hay una forma de salir del sufrimiento”.   Todas las tradiciones religiosas aceptan que la vida no es fácil, que el ser humano vive con muchas interrogantes que lo acucian, pero también, las religiones mismas, todas, son la expresión de que el ser humano busca y va encontrando las formas de salir de esa angustia. A mi edad soy una persona grande, no anciana y mucho menos sabia, pero una cosa he aprendido en estos más de 26 años de practicar junto a otras personas y con otras pers...

Seguir practicando es el camino

 Aunque ya hace un mes que retomamos las prácticas en Ananda, es cierto que ahora parece haber "aire de inicio de año" cuando hemos reintegrado todos los horarios y es cierto también que hasta el mes de marzo ese "aire" no se instala. Entonces empezamos y sería bueno empezar por reflexionar acerca del año de práctica que tenemos por delante. En Ananda, cada año se suman practicantes nuevos, amigos y amigas que llegan están un tiempo y luego siguen su camino. De esos unos pocos se quedan y se integran a ese otro grupo de practicantes con los que venimos caminando desde hace años. Hay amigos y amigas que han llegado hace dos años, otros cuatro, otros ocho o diez y hay otros que están desde hace más de veinte años... Tengo 53 años de los cuales 28 los he vivido de la mano de la práctica de yoga y de una espiritualidad que pulsa en mí desde los 11 o 12 años y que con la madurez -con los años y con la madurez-  ha ido tomando forma. Si la vida me lo permite, tengo la int...

Tiempo *

 En este mundo de hoy el tiempo es un bien preciado, de hecho la sociedad de consumo ha transformado en un valor el tener “tiempo para uno”, el tener tiempo para vacacionar y el tener objetos y un cierto status que aparente al menos que no andas de prisa o que tu vida es cómoda, no ajetreada...y así vendernos más y mejor ocupaciones, objetos, servicios, “espejitos de colores” por los cuales hay que trabajar mucho para poder tenerlos… muchas veces para tener tiempo de descanso agotamos nuestras fuerzas el resto del tiempo. Pero en el camino del autoconocimiento puede pasarnos lo mismo. Si no tenemos tiempo para discernir y reflexionar, para cultivar una forma de mirar y leer lo que está delante nuestro, si no tenemos tiempo para procesar aquello que vamos descubriendo sencillamente no descubriremos nada nuevo y, o bien abandonaremos el camino o bien repetiremos fórmulas y tradiciones que no pasan por nuestro cuerpo, que no conectan nunca con nuestra vida. El autoconocimiento se supo...