Llegábamos del aeropuerto de Cusco y nos acercábamos al
pueblo de Ollantaytambo por la ruta,
cuando nos visitó la lluvia. Teníamos por delante diez días que serían
prácticamente al aire libre, caminando el valle y por los angostos caminos de
la montaña. “El tiempo está loco” y llueve en época en donde no debiera llover
en esta región del mundo. Llovía y mucho, tal vez más de lo que podríamos
sobrellevar caminando por ahí con un abrigo. Y mientras el auto que nos
conducía se adentraba en las altas montañas, el cielo se cerraba y las gotas de
agua disminuían la visibilidad aunque de todas formas la montaña nunca pierde
belleza: grises y blancos se mezclan con los verdes y terracotas, nubes bajas
quedan cautivas de las alturas y la lluvia allá en la montaña, entibia el aire
que por efecto de la humedad hace que la temperatura suba unos pocos grados.
Basta abrir un poco la ventanilla del auto para dejarse embriagar literalmente
por el aroma que regala toda esa
vegetación silvestre donde reina el eucaliptus alimonado.
Anduvimos entonces cerca de dos horas por esa ruta desde
Cusco a Ollantaytambo, curva tras curva, pendiente tras pendiente y al final, a
la puerta casi del antiguo pueblo amurallado, el arco iris se le adelantó en recibirnos al inmenso
portal de piedra. De ladera a ladera, cruzó la ruta y pasamos por debajo de un
puñado de colores que nos anunció que entrábamos en la dimensión de un viaje
del alma.
Así es la meditación, como aquél arco iris. Florece. Nos
llega y nos anuncia, no al final, sino desde el comienzo de qué se trata este viaje
de la vida. A veces no miramos alto y por ende no lo vemos, aunque allí esté. A
veces lo vemos desde el comienzo aunque está alto o lejos. Somos dichosos si
alguna vez en la vida podemos captar toda su dimensión, su profundidad y
también su belleza. Así es la meditación, florece y es un anuncio de aquello
que nos espera (porque nos ha creado), de aquello que nos recibe (porque viene
a iluminarnos) y de aquello que ya está en nosotros (porque es esencia).
Todas etapas de un mismo viaje del alma de regreso a
casa.
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