Cuando trabajé en la construcción aprendí, (entre otras tantas cosas), que cada trabajo requiere su herramienta específica. En todos los oficios esto es así. Podemos hacer un trabajo con cualquier herramienta parecida a la original, podemos "atarlo con alambre", pero si queremos hacerlo bien, y si queremos que el trabajo culminado exprese nuestros anhelos e intenciones, entonces necesitamos la herramienta justa, adecuada. La herramienta y los materiales...
Hoy día, y no más que nunca pues lo que hoy nos pasa parece que nos ha pasado desde siempre, necesitamos encontrar las herramientas adecuadas para la paz. Si queremos paz, necesitamos construirla con las herramientas precisas para la paz.
Transformación personal
Las imágenes de bombardeos y atentados, la crueldad con la que convivimos, muchas veces genera en nuestro espíritu mucho sufrimiento que, como es natural, busca resolverse. A todo nos duelen las imágenes de jóvenes heridos o muertos, de niños bombardeados, de madres llorando...en ese punto si nos dejamos conducir por el sufrimiento ajeno podemos ver que es nuestro propio sufrimiento y que todas las barreras e interferencias culturales, ideológicas y políticas desaparecen en nuestro corazón.
El sufrimiento está allí transformándonos. Dejemos que el sufrimiento haga su trabajo en nosotros y nos transforme.
Si miramos el dolor sin escapes, sin atajos ni justificaciones sino como lo que es, veremos que las causas de ese sufrimiento no están fuera de nosotros, y también veremos que lo que puede terminar con ese sufrimiento también está ya en cada uno de nosotros. Cuando un musulmán es atacado por ser musulmán, la única manera de que cese el ataque es que todos podamos transformar nuestra relación con ese y todos los musulmanes. Lo mismo con un cristiano o un judío...lo que un día pasa a ser un ataque masivo, una bomba, una ocupación, una bala, antes fue la creencia de que ese otro distinto a mí no merece lo que yo merezco.
Escapar del sufrimiento con ideologías o justificaciones sólo siembra en nosotros la semilla de la discriminación que más tarde o más temprano será violencia pura. Aprender a mirar y seguir mirando nos ayuda a dejarnos conmover ( es decir, a "movernos-con" el otro) y allí transformarnos. Y transformar el mundo en un lugar de paz que comienza donde cada uno de nosotros está y dónde cada uno de nosotros se encuentra.
Instrumentos de paz
Cada día podemos elegir instrumentos de qué seremos. Cuando no sabemos o no recordamos que podemos practicar con esto, tendemos a escribir, a gritar, a militar incluso por una paz que no contribuimos a su crecimiento porque para ello, primero nos identificamos con un bando o un trinchera... necesitamos elegir el instrumento preciso para la tarea precisa. Si queremos la paz, necesitamos utilizar ese instrumento capaz de crear la paz.
La guerra se inicia con nuestros pensamientos de hostilidad. Con nuestras creencias de superioridad. Y se termina cuando decidimos terminar uno a uno con esos pensamientos. Puede que haya creencias muy arraigadas en nosotros que no podamos eliminar, pero al menos no seguirán creciendo si no las alimentamos. Cada vez que meditamos y oramos por la paz estamos iniciando esa transformación en nosotros. Cada vez que nos oponemos a la guerra, no situándonos en ningún bando o trinchera estamos terminando la guerra.
Muchas veces, cuando nos sentimos mal llegamos a pensar que si damos "rienda suelta" a nuestras emociones, resolveremos nuestra "guerra interna" y cando queremos acordar estamos en una guerra externa: un hombre se baja frustrado de su auto, a los gritos en la calle porque otro lo encerró con su paso. Se baja a expresar con ira su frustración y cuando quiere acordar, del otro auto ha bajado alguien más violento que él, lleva un palo en su mano y lo golpea. Los dos se golpean. Ha comenzado a expresarse una guerra interior en el exterior. Luego de golpearse y caer al suelo, luego de haber dejado sus autos detenidos en el medio de la calle, el tránsito está trancado. Mucha gente no llegará a su trabajo en hora, y a algunos les descontarán por eso dinero que necesitan para sus familias. Alguien que mira la escena llama a la policía que acude con la sirena abierta causando más tensión. Deben abrirse paso entre autos mal estacionados y conductores irritados que no saben qué sucede. Nadie se mete, todos miran. La gente tiene miedo a la violencia desatada entre estos dos. La policía debe usar la fuerza para separarlos y detener al hombre con el palo que ha lastimado mucho al otro. Entonces habrá que llamar a la ambulancia, derivar esos recursos a curar a este hombre que perderá tiempo, dinero y salud en la recuperación. Y ambos responderán ante la justicia, con más pérdidas para ellos, sus familias y de recursos de la sociedad... eso podría ser apenas una secuencia de la guerra afuera que comenzó y nunca se detuvo adentro.
¿Qué podemos hacer? Cada uno de nosotros ha nacido en un lugar del mundo desde donde nos relacionamos y nos vinculamos con la paz y con la guerra de diferente manera. Pero si logramos ver que los conflictos externos entre las personas están directamente vinculados con los conflictos internos, entonces resolviendo la guerra interna, comenzaremos a resolver las guerras externas.
Para la paz: practicar la paz
La paz es el camino hacia la paz. La paz es la herramienta hacia la paz. Incluso al oponernos a la guerra y la violencia deberíamos poder hacerlo en paz. Claro que es difícil para todos, pero si practicamos y si lo hacemos en relación, en comunidad, poniendo en común nuestros anhelos de paz entonces cada uno de nosotros estará terminando con sus conflictos internos y dejará de crecer la violencia en nosotros, en nuestro medio ambiente y en el mundo en el que vivimos.
Practiquemos la paz. Hoy elegiremos una práctica de meditación por la paz. Podemos elegir la paz en nosotros. Podemos elegir una manera de vivir que no alimente la violencia en ninguna de sus formas y podemos expresarnos también desde formas no violentas. Hoy elegiremos una oración por la paz que soltaremos en el silencio al mundo.
Hoy intentaremos ser instrumentos de paz.
Que la práctica nos conduzca con suavidad y dirección
hacia una manera de vivir pacífica.
Que podamos cultivar en cada uno de nosotros semillas de paz y compasión, de libertad, de justicia y de amor.
Que la práctica nos enseñe.
Que podamos transformarnos en instrumentos de la paz.

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