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Que la luz nos encuentre


                                                                                                                                             Foto de Javier Mullin


Si miramos, en el mundo hay mucha oscuridad. Tanta violencia, injusticia, opresión, falsedad...si miramos cerca nuestro, también veremos que la hay. Hay luz y hay oscuridad. Hay mucho bien y también mucho mal. 
Pero también encontramos oscuridad en nuestro interior, que es decir en nosotros mismos, pues muchas veces estamos tentados a decir "interior" y poner una cierta distancia capaz de no conectar nunca ese "interior" con unos mismo.

Entonces miramos y hay oscuridad que obstaculiza la llegada o el progreso hacia una vida plena. Esa oscuridad va tejiendo una red de zonas oscuras en nuestro "interior" que nos llevan a desconocernos, a no saber quién es que somos. Entonces vamos a la plenitud en partes, divididos, vivimos la vida a medias y tratamos de que las prácticas espirituales sean la forma de ir uniéndonos, integrándonos interiormente con eso otro que al mismo tempo desechamos o porque no conocemos o porque no nos gusta...lo dejamos en la oscuridad, nunca lo ponemos a la luz.

Dejarse iluminar
Nuestras dificultades personales, nuestra inconsistencia, nuestro egoísmo, todo aquello que dejamos en la oscuridad, pueden ayudarnos a comprender la lógica del desapego. Es por estas dificultades que no podemos iluminarnos a nosotros mismos, es por esto que no somos la luz en el sentido estricto del concepto. Es por esto que sí podemos dejarnos iluminar. Hacer lo posible para que la luz nos encuentre y desde allí poder verlo todo.

Es por esa luz que nos encuentra e ilumina toda la realidad en la que vivimos que podemos entonces abandonar ciertas nociones falsas, ciertas creencias, es por esa luz que podemos dejar de juzgar y limitar las cosas y a las personas a nuestro corto entendimiento y  progresar hacia una visión clara y luminosa: la plenitud, la integración.

Desapego
En la antigüedad las tradiciones hablaban más de abandono o pobreza espiritual ara referirse al concepto de "desapego". Estar abiertos a esa luz que nos ilumina es la práctica del abandono de sí mismo, que es un proceso y disciplina, por el cual diferentes áreas de nuestra vida se van integrando a esa experiencia de desapego, que comienza y termina cada día en la práctica de la meditación. Cuando nos sentamos a meditar, cuando elegimos estar quietos y en silencio empezamos a recorrer el camino del auto-abandono. Cuando nos sentamos a mediar cada día volviendo esa disciplina una prioridad estamos comenzando cada día a recorrer un camino de pobreza en el que vamos dejando partir una enorme cantidad de nociones para acceder al conocimiento directo. Lo que en la tradición de la meditación es "autoconocimiento" no desde el ego sino desde la disciplina de dejarse partir para encontrarse y ser encontrado por la luz que nos ilumina.

Solo un poco de teoría
La teoría de la meditación es tan apasionante que puede convertirse en una especie de nueva ilusión y llevarnos a creer, si no estamos atentos, que por hablar y leer acerca de ella ya estamos cambiando y caminando hacia la luz cuando en realidad puede que estemos enredándonos aun más. Por eso desde la antigüedad los yoguis nos dijeron "un poco de teoría y mucha práctica": nos sentamos a la mañana y a la tarde-noche un rato. Nos sentamos en silencio y podemos repetir un mantra u oración hasta que la experiencia de decir se transforme en escuchar. Y el escuchar nos lleve al silencio aun más hondo por el tiempo que sea. Nos sentamos, permanecemos en silencio, abiertos a la luz que está buscándonos, esa luz que desde la esencia de nuestra mente nos conduce a la eternidad. No a un concepto, sino a la experiencia de la realidad, de la eternidad, del amor a donde depositamos todo lo que hemos vivido en el día, todo lo que hemos anhelado durante el día y si es a la mañana donde estamos abiertos a recibir lo que el día tiene para nosotros. Uniendo así nuestro tiempo limitado con el tiempo eterno del espíritu.

Si podemos quedarnos quietos y en silencio algo está sucediendo.
Si podemos hacerlo con un sentimiento de devoción a la vida, algo estará cambiando en nosotros.
Si podemos practicar con asombro y curiosidad, la disciplina será entonces, el campo en el que las cosas del espíritu resuenan en nosotros tal como somos, también con nuestras dificultades, la verdad comienza a resonar. Y nuestras oraciones son la forma de realizar esa resonancia, de amplificarla, pues la meditación desborda a todos los ámbitos de nuestra vida cuando le entregamos todas nuestras cosas.

La teoría cuando es poca nos aclara y la práctica cuando es disciplina amorosa y compasiva, nos encamina a vivir desde ahora aquella realidad que anhelamos.



Que la práctica de la meditación sea para nosotros el camino a permanecer abiertos a la experiencia con el espíritu. 
Que la práctica nos transforme y que cada uno de nosotros hagamos lugar en nuestra vida a la llegada permanente de la luz que nos encuentra y nos ilumina.
Que sepamos reconocernos allí libres de todo egoísmo y limitación y que sepamos también liberar a todos de nuestro egoísmo y de nuestra limitación.



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