1
Esta
Navidad espera un momento.
Haz
un rato de silencio y mirando al cielo
busca
tú también esa estrella
que
ha de guiarte al Nacimiento.
Y
si la dirección no es hacia Belén, sino hacia adentro,
No
importa,
no
temas.
Habrá
un niño Jesús escondido
naciendo
en lo oscuro y solitario de tu noche interior.
2
Esta
Navidad,
come
hasta hartarte del alimento de la vida.
Llénate
de compasión y de amor.
Ve
a cada fiesta, a cada reunión,
cargado
de regalos pedidos
a
los Maestros iluminados de todos los tiempos.
Y
de lo que Ellos te den regala todo a todos,
no
guardes nada:
da
bendiciones atrevidamente.
Sin
título santigua.
Sin
genealogía mística obra milagros.
Sin
certificado, sin oficialidad reconocida
reparte
cariños,
oraciones,
palabras de fe
y canciones de alabanza
al
bello Espíritu Humano que todo lo puede.
Esta
Navidad podrías, yo intuyo que está permitido,
embriagarte
(o emborracharte, como más te guste decirlo),
tomándote
toda la brisa que trae canciones del cielo,
tomándote
todos los besos de tus hermanos
hasta
perder la conciencia que dice “esto es mío”.
3
Esta
Navidad puedes, yo creo,
jugar
a ser otro. Diferente pero el mismo:
más
tú
más verdadero
menos temeroso.
Como
Moisés, “quítate las sandalias
porque
estás en Tierra Santa”,
reconoce
el poder de Dios (cuyo nombre es el tuyo)
y
libera a tu pueblo que sufre además,
de
soledad y tristeza
y
que es esclavo del odio y del des- amor.
Seas
hombre o mujer,
sé
como María
y
dile sí a lo que la vida te proponga.
Sea
lo que sea,
entrégate
como una ofrenda,
recibe
al dolor como un maestro
y
a la alegría como un regalo.
Como
ella hizo dale tus hijos a la vida
y
pídele que te enseñe cómo se hace.
(Tener
cada uno de nosotros
un
poco de su compasión, salvaría al mundo).
4
Pero
si vas a jugar, hay un juego aún más lindo:
juega
a ser ese niño humilde
que
nació entre animales y gente pobre
que
fue hijo de un carpintero y de una adolescente.
Juega
a no tener posesiones,
a
no sentirte dueño de nada,
a
que te sobre el amor
a regalar fe
a enseñar el camino.
Juega
y
como los niños aprende jugando
que
sigue siendo cierto
que
el Reino de Dios está dentro nuestro.

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