Foto: celebración de pascua en el comedor de la parroquia San Antonio y Santa Clara con el que colaboramos en Ananda. Cada día comen cerca de 50 personas mayores con el aporte de voluntarios.
Mientras me siento a meditar cada día, cada mañana y cada noche, en el mundo pasan cosas. Pasa una guerra muy lejos, pasa un terremoto muy lejos, un grupo de refugiados naufraga cerca de la costa del mediterráneo...y pasan cosas cerca, muy cerca mío: un amigo se pelea con su esposa, un chico tiene un accidente en su moto en la esquina de mi casa, un vecino se enferma. Y esta madrugada de viento y frío algunas personas que viven en la calle habrán pasado las horas despiertas, mirando a la oscuridad cara a cara, esperando, divagando, hasta perdiéndose de sí mismos para no pensar, (Lo se porque me lo han dicho varios: "no te podés dormir porque el frío te lleva, no podés bajar la guardia").
¿Cómo sentarnos a meditar y no padecer del peor de los egoísmos? (Esa "espiritualidad cómoda y lejana del dolor de los que sufren) ¿Cómo equilibrar la acción que nuestra vida nos llama a tener con el imprescindible tiempo de silencio en el que escuchamos nuestro nombre, en el que dialogamos con ese corazón nuestro que se siente llamado y conmovido?
No digo que sea la única verdad, pero a mí me gusta pensar mi meditación siempre naciendo de la vida que se mueve y que me lleva de un sitio para otro. Quizás por eso voy tras los pasos de Jesús, porque al seguir a alguien que se movía, que caminaba y que se mueve y camina, mi meditación siempre es en ese movimiento. Algunas veces yo no estoy disponible, algunas veces quedo anclado en el egoísmo o la comodidad, pero generalmente, ese tiempo de silencio y escucha me invita a moverme y a invitar a otros a ese movimiento que la meditación siempre tiene en su esencia: compasión.
La compasión es movimiento por la casa de otros, por esos lugares donde la vida los toca y nos llama. La meditación nos transforma obviamente,pues es un camino de transformación, pero como tal, cambiar de forma es cambiar, es movimiento, es salirse de ese "uno mismo" cómodo y egoísta para ser o encontrar ese otro "uno mismo" pleno y libre en la relación, en el dar, en la escucha.
Mateo dice que Jesús "recorría las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas...(y) curando todas las enfermedades y dolencias (y) al ver la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos..." Entonces dijo a sus discípulos que rogaran a Dios porque había mucho por hacer,había mucho trabajo, que rogaran a Dios no para solucionar las cosas sino, para que "enviara" más "trabajadores" pues como El mismo dijo: "La cosecha es abundante..."
Rogar, orar, meditar, encontrar en el silencio, en ese tiempo único de escucha y presencia ante el Espíritu para que aquello que vemos y que nos conmueve en nuestro andar por nuestras "ciudades y pueblos" de hoy sea comprendido y asistido. Para que nuestra meditación sea también respuesta.
Que al meditar no solo estemos buscando.
Que al sentarnos a meditar cada día un tiempo,
podamos estar respondiendo a lo que nuestro corazón palpita y que encienda en él, al escuchar en el silencio conmovidos,
la acción de búsqueda del otro,
su alivio y su descanso en nuestra comprensión.
Que la meditación sea para todos un buen anuncio.

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