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No estamos solos



Una imagen de la meditación, es que la persona meditando está "a solas" meditando. Y es cierto: la meditación es un camino personal, nadie la puede hacer por ti. Pero esto no quiere decir que sea "a solas". Personal no quiere decir "a solas", de forma aislada y a la buena de tus posibilidades, esfuerzos y logros. Es a tu ritmo, de acuerdo a tu vocación y búsqueda, pero nunca "a solas" pues cuando meditamos comenzamos a descubrir que nunca estamos solos. Nos acompaña una enorme tradición que se ha nutrido de la más variada gama de tradiciones, culturas y gentes a través de miles de años. Nos acompañan también los que hoy están sentados como nosotros meditando ya sea cerca nuestro o lejos, muy lejos... Pero fundamentalmente, no estamos solos, porque al meditar nos abrimos a través del camino de la meditación, a una realidad que desconocíamos y que siempre ha estado allí.


El camino de la fe

El camino de la meditación es un camino de fe. Hay una realidad que no podremos ver con nuestros ojos físicos, quizás por eso el prototipo del meditador es alguien de ojos cerrados y está bien, porque buscamos en la experiencia de la fe donde no es preciso ver...para poder ver. Anhelamos una experiencia que vaya mucho más allá de lo aparente, de lo inmediato, y ese anhelo es parte de la realidad que comenzamos a descubrir, un motor y un combustible, un recorrido, un camino y también un fin. Si no tenemos fe de que hay "algo más", de que la vida es algo más, entonces ¿por qué nos sentaremos a meditar cada día, el resto de nuestra vida?


El camino de encuentro

El camino de la meditación es también, un camino de encuentro, pues en ese camino de fe que comenzamos a andar no sólo descubrimos una profundidad propia y una realidad que llamamos "personal", sino que nos encontramos con la realidad del otro. Es más, podemos conocer que la realidad donde hemos abandonado la ilusión y la dormidera, para despertar a la vida, es un lugar lleno de los demás, de la relación con los demás. Al contactar plenamente con lo que somos, contactamos con la compasión que se expresa en la vida de relación.


El camino del progreso y la plenitud

Movidos por la fe, buscamos "algo más", una búsqueda que quizás comience en muchos en una tradición, una institución o una cultura, pero que se volverá cada vez más real en la medida que sea una búsqueda nacida y motivada desde lo más profundo de uno mismo. Al conocernos iremos conociendo, y acercándonos a la Verdad que lo ilumina todo (también a nosotros). Vamos progresando dejándonos iluminar, pues esa parece ser una luz "prestada" por esa realidad honda a la que accedemos. Interesándonos más por los demás, por el mundo en el que vivimos, por el sufrimiento, por la injusticia, por la inmoralidad, vamos descubriendo formas y momentos en los que podemos colaborar para erradicar el sufrimiento y acompañar en el dolor y vamos sabiendo qué hacer y qué no hacer... volviéndonos más plenos, progresando en una vida más humana.


Lo que nos llama, lo que nos impulsa

Si comenzamos a meditar periódicamente y sostenemos esa disciplina de sentarnos cada día a saborear el silencio, a gustar de esa fuerza interior que nos anima, iremos descubriendo que no lo hacemos por fortalecer nuestra mente, ni por aliviar el dolor de espalda, ni por ganar más dinero en el trabajo rindiendo más. Los que caminamos además una tradición específica, una religión o filosofía descubrimos que no lo hacemos para cumplir un ideal o una ideología. Sino que lo hacemos impulsados por la realidad, por esa experiencia de ir descubriendo lo que es. Vamos descubriendo, poco a poco, que el Espíritu anima nuestra búsqueda ( que es sed, es ardor y dolor) y también es luz y alegría, es compartirse, es conocer, es saberse cerca y unidos, nunca solos, nunca abandonados a la buena de las fuerzas de la naturaleza.

Esa experiencia de caminar en la fe, de encontrarnos con otros, de sentirnos llamados a hacer y a ser "algo más", ese progreso hacia la plenitud de la verdad, es la meditación obrando en cada uno de nosotros y en el mundo a través nuestro. Nuestro en plural, no mío ni tuyo, sino: nuestro, pues cuando integramos la meditación a nuestra vida, nunca más estamos solos.

Que podamos descubrir la bondad que la meditación guarda para nosotros. 
Que sepamos verla, descubrirla y compartirla 
en una vida que se va haciendo cada vez más humana.
Que en el silencio, podamos aprender a peregrinar nuestros dolores y a compartir la alegría, el gozo de estar vivos.



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