Cuando desarrollamos la meditación a diario y esta se transforma (con todas sus "etapas") en algo de todos los días, muchas cosas pasan...muchas veces, diferentes a lo que al comienzo íbamos a buscar pero que vamos descubriendo son cosas necesarias para vivir en paz y con plenitud.
Veremos tres de ellas.
Ser en la inmensidad
Cuando vamos a diario a la meditación, las diferentes etapas de la búsqueda del silencio se dan solas, naturalmente. Unos días vamos necesitados de paz mental, otros de alivio físico, otros de comprensión. Unas veces vamos llorando o enojados, otras silenciosos y otras con muchos "reclamos" y necesidades. Allí sin darnos cuenta sucede la oración o el silencio orante. Nos sentamos a meditar y un buen rato estamos exponiendo nuestras angustias, nuestras dificultades...Luego el silencio. Luego salir de la meditación y hacer, actuar, en función de lo que experimentamos en la meditación.
Nos llenamos de asombro cuando descubrimos que no estamos abandonados a nuestra suerte y entendimiento sino que hay en nosotros una inmensidad manifestándose. Esa misma inmensidad que parece estar "escuchándonos" en el silencio del lugar escogido para practicar, en la atmósfera del ambiente que se crea cuando alguien está sentado meditando silenciosamente.
Llevamos paz
Si somos constantes en la meditación nos daremos cuenta de que la meditación nunca termina. Aquella paz, aquella calma, aquél silencio reparador está con nosotros todo el tiempo. Podríamos decir "se viene" con nosotros. Podemos llevar paz a donde vamos, porque es un regalo de la meditación no sólo darnos la paz en el momento sino dejárnosla como regalo.
Miramos más allá
Estar un rato cada día en silencio exponiendo nuestras dificultades, nuestros errores y aciertos, nuestras necesidades más hondas nos hace sabedores de todo lo que ya hay en nosotros, y al conducir nuestra mirada a lo profundo a lo más hondo de nuestro corazón, la bondad y la compasión se muestran como nuestra verdadera esencia. Ser humanos es llevar la bondad como naturaleza y ser plenamente humanos es manifestarla, expresarla y permitirnos que articule nuestra vida. Interesarnos por los demás es una consecuencia ( y un fruto), de la práctica a través del cual somos cada vez más plenos.
Estos me perecen tres momentos de la meditación: descubrirnos parte de la inmensa presencia del Espíritu ( y desde allí en nuestra pequeñez sentirnos queridos), recibir la paz como regalo que permanece en nosotros y aumenta y crece cuanto más la compartimos, y dejarnos conmover, es decir, ser movidos por la experiencia espiritual hacia el sufrimiento y las necesidades de los otros. (Nosotros y los otros, ese lugar donde la meditación se completa y se confirma).
Que podamos sentarnos hoy, en el silencio de la meditación,
experimentar el amor en nuestra esencia, que nos salva del aislamiento y la fragmentación confirmándonos el camino al encuentro con el otro, y que podamos también descubrir y recordar
que nuestra plenitud es, la plenitud de la creación toda. Y luego aprender a actuar en respuesta.
Comentarios
Publicar un comentario