Por qué he de mantenerme un rato "haciendo nada", ¿por qué estaré sentado, respirando, intentando calmar mi mente? ¿por qué mantendré esta disciplina hasta convertirla en un hábito a lo largo de mi vida? Pues, porque quisiera comprender el sufrimiento que hay en mí. Porque si no lo comprendo no sólo no sabre por qué que sufro sino que quizás, es posible, que ni siquiera sea consciente del sufrimiento en mí y del sufrimiento en los demás, tantas veces ocasionado también por mí.
Si no aprendemos a mirar el sufrimiento que ya hay en cada uno de nosotros será difícil que podamos hacer algo para aliviar el sufrimiento en el mundo que nos rodea y si a nuestro alrededor hay sufrimiento, esto ocasionará sufrimiento en nosotros también. Por tanto, no tenemos más que aprender a mirar para descubrir el sufrimiento en nosotros, en nuestra mente, en nuestro corazón y descubrir cómo ello tiene influencia sobre los demás.
Ahora, tenemos la tendencia a evitar el sufrimiento, estamos "convencidos" de que la mente no se posará allí "donde duele" y si lo hace no será de forma saludable. Muchas veces decimos en nuestras practicas de yoga: la concentración amanece. No hay mucho más que hacer para que la mente se concentre más que detenernos y aprender a mirar (a mirarnos), aprender a estar con uno mismo. Cuando practicamos la atención, la calma, el respirar conscientemente, entonces estamos sembrando concentración, y un día en un momento, la concentración amanece. Y cuando esto sucede, dejamos de sufrir y de hacer sufrir por que nos hemos vuelto conscientes del sufrimiento en nuestra mente y en nuestro corazón y no queremos que siga allí, no queremos seguir dañando a nadie entonces, la comprensión surge de esa experiencia que llamamos meditación. Sabemos qué hacer porque estamos comprendiendo.
Es necesario detenernos, mirar y sostener nuestra mirada y hacerlo de manera consciente (pues en verdad no hay otra forma de lograrlo), pero "detenernos" no es la vía del escape o del atajo. Detenernos es saber parar la distracción, es comenzar a detener el sufrimiento del egoísmo y de la desatención en nosotros. Detenernos, parar para respirar y mirar el sufrimiento y lo que causa el sufrimiento, es detener la "costumbre" de no atendernos, de no atender, de no estar presentes y disponibles para lo que en verdad esté sucediendo.
Que nuestra práctica sea cada día, cada vez más profunda. Profunda a la raíz del sufrimiento, profunda a la raíz de nuestro corazón compasivo. Y que desde allí, la luz y el calor de la comprensión traigan paz y bienestar.
Comentarios
Publicar un comentario