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Esos pensamientos, esas emociones: vientos de ciclón














Desde ayer a la tarde y esta madrugada al sur del Uruguay los vientos han sido muy intensos. En la rambla las olas cruzaban la calle, frente a casa un árbol de una considerable altura (unos siete pisos), fue arrancado de raíz y se han volado techos, carteles, contenedores de basura...Los vientos fuertes no han sido sostenidos, sino que han sido ráfagas intensas. Vienen, llegan, con mucha furia y arrasan con todo lo que no este firme y arraigado. Como nuestros pensamientos más intensos, como nuestros hábitos, como aquellas emociones que nos perturban, que llegan y no estando firmes nos enganchamos en sus vericuetos y cuando queremos acordar...hemos ido a parar tan lejos...

Es una buena idea reflexionar acerca de esas emociones y pensamientos como esos vientos de "ciclón extratropical". Pues como en tal caso, hay una forma de refugiarse, hay una manera de protegerse. El viento llega, intenso, en ráfaga y se lleva  por delante todo lo que no está protegido, lo que ha quedado a la intemperie y sin "amarre", sin solidez. El viento llega y arrastra y las cosas que arrastra van a parar quién sabe a donde.

Pues bien, así somos arrastrados nosotros por esos ciclones llamados emociones perturbadoras o pensamientos recurrentes. La fuerza de los viejos hábitos, de las creencias arraigadas llegan como tormenta intensa y cuando queremos acordar...qué lejos estamos de nosotros mismos, dialogando con esas mismas creencias, discutiendo con esos mismos hábitos o a través de ellos con personas o situaciones que no están allí. Pero hay una manera de protegerse. La práctica es un refugio.

Sentarnos a meditar, volver a nuestra conciencia cada vez que advertimos que el viento sopla y nos mueve es la forma de protegernos. Que nada de nosotros quede a la intemperie en la desprotección de las costumbres y la reactividad. Porque allí, en un abrir y cerrar de ojos, en lo que dura un pensamiento, cuando queremos acordar estamos muy alto  en la copa del árbol de la vanidad o siendo arrastrados por el suelo de la ira.

La práctica es el refugio verdadero, es el lugar desde el cual esperamos a que pasen las tormentas, y desde allí aprendemos a conocerlas y descubrirlas incluso a pronosticarlas para que sus daños sean minimizados. Así es la meditación: no puede evitar la formación de un ciclón extratropical, pero bien que puede protegernos y ser nuestro verdadero refugio y refugio para los demás.


Que la práctica sea nuestro refugio. 
Que sepamos tomar resguardo en nosotros mismos, y que desde allí podamos ser fuente de motivación y cuidado de los que aún están en la intemperie. 


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