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Tiempo sagrado








El tiempo que usamos para todo lo que hacemos es siempre el mismo. Podríamos decir que, dentro de las 24 horas que tiene un día, cada uno de nosotros elige convertir cada minuto en un minuto sagrado o no... ahora la pregunta para nosotros podría ser: ¿cómo convertir el tiempo común, el tiempo reloj en tiempo sagrado?

Quizás la respuesta que mucho ensayamos sería: estar todo el tiempo haciendo "cosas sagradas"... lo que indudablemente deja afuera a la mayor parte de nuestro tiempo, horas del día en las que no hacemos esas "cosas sagradas" y más aun, deja afuera a tantos de nuestros pensamientos, de nuestras motivaciones, de nuestras búsquedas y dolores, que no "encajan" con el modo "sagrado". Quizás sea, esa búsqueda de resolver el problema no muy acertada pues no hace más que dividirnos y dividir el tiempo en el que vivimos en "tiempo bueno, santo, sagrado" y "tiempo malo, ordinario, no sagrado...¿profano?"

Entonces, cómo convertir nuestro tiempo común, el tiempo de las horas del reloj en un tiempo sagrado, que vuelva profunda y trascendente nuestra experiencia y nuestro pasar por la vida cada día?
Tal vez lo que vuelve sagrado un momento no es lo que hacemos sino, cómo lo hacemos. Tal vez sentarnos a meditar, concurrir a una actividad religiosa, practicar, sea tan común y "profano" como cualquier otra cosa si nuestra presencia, nuestro corazón no hace la diferencia. Tal vez, cocinar, caminar por la rambla, descansar bajo un árbol, lavar un piso se vuelva algo sagrado, una oportunidad de experimentar la eternidad si nuestro corazón está allí, es decir, si nosotros estamos allí presentes.

Muchas veces uno ve, que en una práctica espiritual el lugar de la persona lo ocupa la tradición, el lugar del amor lo ocupa la institución, el repetirse, el aferrarse a la seguridad de lo conocido...personalmente me quedan dudas de si allí hubo lugar para lo sagrado. Creo que ese tiempo, aunque se repita y se extienda no deja de ser "tiempo ordinario". En cambio otras veces, una práctica sencilla, un caminar con amigos, un comer y estar juntos es tan sagrado, nos trae tanto de lo eterno...

Otra dificultad que tenemos es creer que como respuesta a esa contradicción que  a veces vivimos, la solución está en rechazar las prácticas espirituales "formales" y aceptar sólo las "informales", planteando así que la "culpa" de que uno no esté allí presente la tiene el ritual o la tradición en sí misma... y que por el contrario, todo lo que es "informal" es mejor: pasear, caminar, comer...sin querer otra vez, dividimos el tiempo en común y sagrado. Otra vez división, otra vez sufrimiento.

Tal vez la solución se nos acerque, se nos muestre, cuando comenzamos a estar presentes. Cuando cada cosa que hacemos intentamos hacerla desde la presencia completa, plena, total de uno mismo. A eso llamo "cuando nuestro corazón está allí". Si practicamos sentados la meditación, que nuestro corazón esté allí. Si participamos de una ceremonia espiritual o de una práctica tradicional, que nuestro corazón esté allí. Si contemplamos un atardecer o caminamos de la mano con un ser querido, que nuestro corazón esté allí. Porque si no está nuestro corazón en lo que hacemos tampoco estamos nosotros, y cuando dejamos de estar, el tiempo en el que transcurre la vida se vuelve un tiempo común, un tiempo de reloj y perdemos perspectiva de lo que es bueno para nuestra felicidad y la de quienes están con nosotros sencillamente porque no estamos allí donde las cosas están ocurriendo. 
Surge e ese hacer desde la presencia y desde la totalidad, la luz de la conciencia que irá iluminando el qué hacer y el cómo hacer ( y también el qué no hacer) y todo será tiempo sagrado, tiempo de eternidad.


Que podamos pasar las horas del día cada vez con mayor conciencia del misterio y milagro de la vida y que seamos entonces cada vez, más conscientes de la eternidad atravesando nuestra existencia. Que el amor experimentado a la luz de la consciencia nos diga suavemente qué hacer y qué no, y que podamos responder en consecuencia.

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