Lo más difícil de aceptar para la mayoría de nosotros es que vivimos condicionados. Quizás queremos meditar un poco, practicar otro tanto y hasta cambiar algunas cosas pero nos es verdaderamente difícil ir en busca de una revolución total de la mente o de la conciencia. Tras la búsqueda de la paz y la estabilidad muchas veces se nos cuela la conformidad, el miedo y la mediocridad. Y allí...ya no habrá paz sino sufrimiento.
Necesitamos aceptar que la meditación, la vida meditada, la mente que medita, traerá una revolución a nuestra cotidianidad. Intentará estar en cambio siempre. Querrá libertad y para eso será amante de la verdad en todas sus dimensiones y consecuencias. Si tenemos el valor de vivir en esa revolución de la conciencia que la meditación traerá entonces habrá en nosotros un orden interno natural y sabremos qué hacer y qué no hacer, no porque lo diga la tradición sino porque lo anhela nuestro corazón y es voz del Espíritu. Mientras el ego calcula consecuencias, logros, pérdidas y beneficios, el Espíritu sólo ama la verdad, sólo quiere vivir en la luz completamente, no a medias.
Qué hacer y qué no hacer lo es todo.
Que podamos encontrar la paz que la verdad trae. Que sepamos vivir la revolución que la meditación nos brinda y que juntos, unos con otros, nos demos el valor suficiente y necesario para amar la verdad y ser libres,
completamente libres y liberadores.
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