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Lo que tenemos que aprender
















Cuando queremos meditar, ¿qué tenemos que aprender? Como en cualquier ámbito de la vida, también en la meditación la sociedad de consumo ha logrado "inmiscuirse" y parece que tenemos muchas técnicas, escuelas, formas, estilos, de meditación... pero vale la pena preguntarse. Detenernos y preguntarnos: ¿qué tenemos que aprender?

Si miramos bien lo que nos impide meditar, es decir, estar en silencio, con una actitud contemplativa, con un corazón amante de la verdad y de la libertad, lo que nos impide estos estados no es lo que no sabemos, sino, lo que ya sabemos. El principal obstáculo no son las técnicas que no se, sino mis ideas preconcebidas acerca de la vida interior, de la espiritualidad e incluso del misterio que hay en mi interior más profundo. Las personas nos "trancamos" en la meditación porque se nos impone el "yo se": yo se que esto no existe, yo se que no soy bueno para esto, yo se que mi mente no puede, yo se que es una pérdida de tiempo cuando estoy en aprietos..."

Entonces creo que lo que debemos aprender y continuar aprendiendo por el resto de nuestra vida es a desaprender esos hábitos de la mente. Por ejemplo, el hábito de controlar los resultados, el hábito de suponer qué hay en las profundidades que la mente irá alcanzando con la práctica, el hábito de presuponer qué necesito y qué no para concentrarme y meditar...

La meditación es una especie de camino hacia nuestro interior, a ese interior misterioso que nuestro ego desconoce y que no sigue reglas, ni conveniencias, ni estrategias siquiera, por eso es difícil mantenerse por años meditando, pues tiene que haber en nosotros las ganas de seguir acudiendo a lo desconocido, en una experiencia que dice de nosotros mismos lo que generalmente nosotros mismos desconocemos. Los que creemos y los que no creemos en una realidad espiritual, muchas veces adolecemos del mismo error: no creemos en base a nuestras opiniones o creemos en base a nuestras opiniones, pero muy pocas veces hemos tenido una experiencia para creer o no creer. Creer o no creer en esa realidad espiritual no para creer o no en instituciones, personas, libros, métodos... sino como parte del autoconocimiento.

¿Cuántos de nosotros hemos tenido una experiencia con el amor verdadero e incondicional que mana en la meditación? ¿Cómo tener esa experiencia?

Tal vez desaprendiendo hábitos, cultivando el yo no se, abriéndonos a lo desconocido en nosotros, aceptando que nuestra vida es un misterio que iremos descubriendo con humildad y disciplina...tal vez desaprender sea el camino para saber qué tenemos que aprender para meditar.

Que sepamos ponernos en sintonía. 
Que sepamos ir hacia nuestra interioridad no a reforzar creencias sino, a vivir completamente la libertad. Que el amor sea nuestra motivación, 
nuestro ánimo y nuestra búsqueda.


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