"Iluminación" es una palabra muy frecuente en la tradición de la meditación. Muchas veces leemos o escuchamos acerca de "iluminarte", "iluminación, iluminarnos"... pero ¿comprendemos de verdad qué significa?
La luz de la meditación nos encuentra y nosotros practicamos para dejarnos iluminar. Nosotros nos ponemos a la luz de la meditación con la humildad, con el desapego y la confianza de que esa luz ya es en nuestro más profundo interior. Quizás de ahí viene a veces nuestro error de llegar a pensar que la luz del conocimiento nos es propia, y que es algo personal. Porque toda la disciplina de la meditación va conduciéndonos a través de nuestra historia, a través de nuestro camino, de nuestra búsqueda hacia ese lugar en uno donde vive ya la luz. Esa parte nuestra que es de la luz. Pero si lo observamos bien, todo lo que hicimos fue dejarnos encontrar, dejarnos iluminar...de alguna manera un día tomamos la decisión de dejar de andar en la oscuridad de la vida vivida a medias, de la verdad a medias, de la falta de conexión y ese día iniciamos un camino hacia la luz que ya es en nosotros y que pronto pacientemente va iluminándonos.
Es que somos hijos de la luz y como tal, hemos venido andando a veces acompañados, a veces a solas, a veces hemos sufrido el abandono, a veces hemos hecho sufrir. Pero basta un día la decisión y emprendemos el camino de vuelta hacia la luz. O hemos sido viajeros, a veces perdidos, a veces errantes, descreídos o desesperanzados, por malas opciones o peores experiencias, pero un día, basta cambiar la dirección de nuestros pasos y emprendemos una vez más el bello camino hacia la luz.
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