
Siempre vemos la postura de la meditación como eso: una postura. Incluso al pensar en la meditación generalmente pensamos en técnicas o "escuelas" de meditación, pero pocas veces pensamos en "gestos".
Sentarnos de la manera en que lo hacemos es un gesto. Estamos teniendo un gesto, estamos haciendo un gesto. Cada vez que nos sentamos lo hacemos en relación a todo lo que tenemos por "hacer". Hay una decisión que estamos tomando y que en el gesto la comunicamos y nos la comunicamos a nosotros mismos si vale la expresión. Estoy sentándome, estos entrando en la dimensión del silencio, de la escucha, de la quietud. Es necesario que estemos atentos a los gestos más que a las palabras, es necesario que tengamos presente que hay un "aire" que tenemos que respirar, lo que implica ser sensibles, permaneciendo atentos a nuestro corazón.
Muchas veces la vida se nos ha vuelto un caminar lejos de la voz del Espíritu, lejos de su presencia. Nos cuesta encontrarnos y encontrar en la cotidianidad esa presencia que nos anime a vivir la vida plenamente y a buscar su sentido. Bueno, podemos proponernos estar atentos a los gestos de la meditación: sentarnos, aquietarnos, relajar las manos, respirar con conciencia... escuchar en el silencio. Estos son algunos "gestos de la meditación".
Somos alguien, a veces perdido de nosotros mismos y por eso sufrimos y hacemos sufrir. Somos alguien que va encontrándose en la medida que busca, en la medida que anhela, en la medida que no esconde su corazón ardiente, aun de penas, aun de luchas...también la meditación es ese saber estar con la historia de uno mismo y caminar llevándola a cuestas. Un día, un gesto nos llama y nosotros respondemos.
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