Junto al grupo llevamos unos días en el valle sagrado combinando el asombro y la alegría de viajar, el entusiasmo y también la profundidad que el caminar en silencio y la contemplación nos invitan a vivir. Hoy se han ido a Machu Picchu y yo me quedo en el pueblo teniendo un día de descanso de la actividad y también un día que lo dedico a reflexionar y meditar.
A lo largo de éstos primeros días hay una pregunta que está muy presente en las conversaciones del grupo: cómo hicieron estás maravillas aquellas personas antiguas? Respuestas variadas.
Ayer mismo estábamos frente al laboratorio agrícola situado en la región de Maras donde también está la conocida salinera. Los círculos concéntricos hacia dentro de la tierra, las terrazas circulares en perfecta armonía de diseño, los canales de riego, las diferentes temperaturas entre terraza y terraza...se cuenta que allí de adaptaban y domesticaban las semillas para poder cultivarlas luego en cualquier región...es decir cada terraza estaba en relación con diferentes alturas y climas de puntos geográficos tan lejanos. Un misterio cómo lo habrán logrado hacer...un misterio?
Unos decían medio en broma medio en serio: "los extraterrestres", otros mucha mano de obra (aunque eso no resuelve el enigma del conocimiento)...otros se encogían de hombros y quedaban sin palabras. Yo me pregunté, primero para mí y luego al grupo: porqué no creemos en el ser humano? Por qué no podemos imaginar al ser humano en plenitud?
Lo más complicado de no creer en el ser humano de antes es que no creeremos en el ser humano de ahora. Cuando buscamos un poder que haya resuelto antes lo que no podemos comprender o imaginar es que entonces tampoco lo creeremos para nosotros hoy día.
Muchas veces me cuesta creer en mí y también me cuesta creer en otros, pero me recuerdo que ése no es un problema de nuestra naturaleza humana, sino un problema de mi fe. No es lo mismo la creencia que la fe. Podemos creer en muchas cosas, pero en qué tenemos fe?
Luego, al rato, subimos a la camioneta y emprendimos el regreso. Recordé las palabras de mi maestro: "si tuvieran una fe del tamaño de un grano de mostaza le dirían a esa montaña muévete y se movería".

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