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Eutanasia, es necesario preguntarnos. (1)


                                      


Antes de que los derechos civiles fueran considerados nacíamos y moríamos como podíamos. Cada cual a su suerte. Luego las sociedades progresaron y comenzó la era de los derechos humanos considerados y no nos hemos detenido legislando sobre ello a pesar de que eso no ha significado el respeto de los mismos: guerras, crímenes de lesa humanidad, regímenes dictatoriales o fundamentalismos religiosos...pero es cierto que mientras todo eso lamentablemente continúa sucediendo, seguimos escribiendo sobre los derechos humanos y las sociedades siguen caminando más lento o más rápido, con aciertos y posibles errores, hacia la consideración de la plenitud humana en términos de derechos.


En días pasados Uruguay se sumó a la lista de países donde la eutanasia pasa a ser legal y quienes estamos cerca de realidades médicas o sanitarias, quienes tratamos con el sufrimiento humano a diario como parte de nuestra actividad y también las personas que se interesan por esa “consideración” de los derechos humanos, ya sea desde el punto de vista civil secular o religioso, nos hemos visto una vez más en un debate que lleva ya mucho tiempo y seguramente seguirá existiendo: ¿eutanasia si o no? Y yo agregaría, ¿es válido formularse así el tema?


El buen morir, inseparable del buen vivir.

Eutanasia es una palabra que proviene del griego y que significa “buen morir” o muerte apacible. ¿Pero es posible separar la muerte, el proceso del morir, del proceso del vivir?¿Acaso no vivimos mientras estamos muriendo? ¿Los meses, los días o los minutos en los que sucede una muerte, no suceden dentro del proceso del vivir, no forman parte de la vida de esa persona?

Esto sea quizás lo primero a tener en cuenta para una reflexión madura sobre este tema: no deberíamos separar el proceso del morir del proceso del vivir. De hecho, hacerlo es parte de la causa de por qué tememos tanto a la muerte, por qué la escondemos, tratamos de ignorarla o evitarla: porque no la consideramos como parte de la vida. Es necesario que aprendamos a ver que cada ser vivo vive su muerte. Esto podría ser lo primero: cada ser vivo vive su propia muerte. Entonces, cuando alguien está muriendo también está viviendo.

Lo segundo tiene que ver con “el buen morir”...desde la estrategia del miedo con que asumimos la muerte, nos es imposible pensar que puede haber una “buena” muerte. Las personas religiosas que anhelan la visión de fundirse en la experiencia de Dios deberían ser las primeras en decirnos que es posible morir bien, pero luego esto no ocurre, y los que asumen una posición puramente materialista de la vida y que dicen que la vida es lo que se ve y más nada, que todo se termina al morirse, deberían ser ejemplos de desapego y  no aferramiento a la hora de morirse, pero generalmente eso tampoco ocurre.

A la hora de morir, a todos los seres humanos, los define otra cosa, quizás, su conciencia acerca del buen vivir. ¿Cómo vivimos (no cómo hemos vivido)? Qué es la vida para nosotros en tiempo presente y no en tiempo pasado, pues si la muerte es la pérdida de todo lo que fui, de todo lo que tengo y de todo lo que he atesorado para una vida virtuosa, entonces ¿quién puede tener una buena muerte?

Para comprender y asumir una reflexión madura sobre la eutanasia es necesario que hablemos acerca del buen vivir.

Desde el punto de vista espiritual, una buena vida no necesariamente es una vida llena de placeres y objetos materiales y logros económicos o de poder. Una buena vida podría ser una vida que transita hacia la plenitud, que se entrelaza con otras vidas buscando el bien común, una vida que despierta a la conciencia y la libertad de la esclavitud que subyace cuando sólo pretende conseguir placer, bienes materiales y logros profesionales o espirituales. ¿Estamos de acuerdo que el buen vivir es otra cosa? Porque si no investigamos acerca de eso será muy difícil que aceptemos que se puede morir bien. Que se puede morir en paz y en calma, que se puede incluso atravesar una enfermedad dolorosa y permanecer en paz.

Para tener una reflexión seria acerca de la muerte primero debemos tener una reflexión seria acerca de la vida. De la vida y la conciencia, de la conciencia y la espiritualidad...de la espiritualidad y de la libertad. Si nuestra discusión va a iniciarse dividiendo entre los que están del lado de la cultura de la muerte y quienes están del lado de la cultura de la vida, entonces será una discusión pero no será una reflexión madura y seria. Basta estar cerca de alguien muriendo conscientemente para saber que esa situación requiere de mucho más que de dividir la cosa en dos bandos.

Por ejemplo, podríamos empezar por hacernos preguntas...siempre las preguntas son mejores que las respuestas...las preguntas hacen espacio, nos recuerdan que no sabemos, nos invitan a la curiosidad y a escuchar...las respuestas nos ponen en situación de “yo se” y lo que es peor para la libertad y el espíritu de investigación, nos ponen en situación de “ya se” y dan por acabados los temas tras lo cual hay muy poco espacio para escuchar y compartir.

Estamos reflexionando acerca de la vida en su totalidad y de la libertad y la conciencia que tenemos y ponemos a la hora de vivir con dignidad lo que llamamos vida y también lo que llamamos muerte. No se trata pues de morir dignamente sino de vivir con dignidad y con la mayor consciencia posible lo que llamamos “muerte”. Por ello creo que algunas preguntas podrían ayudarnos.

¿Cuando tratamos de legislar acerca del derecho a pasar ese proceso que llamamos “muerte” con la mayor dignidad posible, estamos legislando a favor de la muerte o de una vida digna hasta el último momento?

¿Podemos pedirle a una persona que ha intentado vivir siempre con dignidad, virtuosismo y responsabilidad que en un período de su vida, el de la muerte, abandone su ética? ¿Con qué derecho lo haríamos? ¿Invocando los mismos valores con los que vivió y llegó hasta ese momento?

La eutanasia, ¿debería llamarse “muerte digna” o respeto de la voluntad de la persona en todo el tiempo en el que transcurre su vida incluso en ese que llamamos muerte?

Estar a favor de la eutanasia, ¿significa no ser una persona religiosa?

Estar en contra de la eutanasia, ¿significa ser una persona conservadora en el peor sentido de la palabra?

Hacernos preguntas, escucharnos unos a otros, hablar del tema precavidos de que el miedo y la angustia que como generación tras generación hemos cultivado acerca de la muerte vendrán a sabotear esa investigación imprescindible para el bien vivir, pues aunque nuestra muerte aún no llegue, ya estamos muriendo, desde siempre, desde el día mismo en que nacimos caminamos todos hacia ese momento que no es un momento, sino un tiempo, un período, un proceso.

Todo lo que hagamos como generación será perfectible con el tiempo y qué bueno que así sea, qué terrible sería que todo lo que alcancemos a comprender nosotros en nuestro tiempo fuera escrito sobre piedra, imposible de ser modificado por las futuras generaciones...ojalá los que vengan después de nosotros lo mejoren todo en pos de una vida cada vez más humana...¿significa ésto entonces, que nada de lo antiguo tiene valor? 

Pensando en esta carta, reflexionando mucho acerca de este tema tan difícil pero a la vez tan necesario de ser abordado, me fui a leer y repasar la vida y particularmente las últimas semanas de la vida de Francisco de Asís. En su libro “El hermano de Asís”, Ignacio Larrañaga recoge fragmentos de su vida reflejando toda la enorme espiritualidad de Francisco. Cuando el santo se encontraba ya transitando la muerte a la que él mismo llamó “hermana muerte”, dijo: “Cuándo descansaré en los brazos de mi Padre. Tengo el alma errante de los expatriados…” y agrega: “...apaga la lámpara Señor, que quiero dormir”.*







*Francisco de Asís falleció el 3 de octubre de 1226. En la tradición Franciscana, el 3 de octubre se celebra su muerte como un paso “gozoso” hacia la vida eterna no como un duelo o una pérdida.







































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