Cada año, cuando propongo las meditaciones de adviento en el tiempo de navidad o los 40 días de meditaciones en cuaresma previo a semana santa, me ocurre lo mismo: he de presentar a Jesús…¿es posible contar quién es Jesús? Yo creo que no es posible. Pero creo que sí es posible contar quién es para mí. Es más, creo que eso es todo lo que podemos hacer cuando hablamos del seguimiento, de la referencia, del “gurú” en términos de bhakti (yoga devocional). ¿Quién es mi gurú para mí? ¿Qué me ha sucedido que he elegido su vida y sus enseñanzas para dejarme conducir e impregnar mi vida con ello?
En el texto del martes 2 de diciembre (Un aquí y ahora profundo y sin barniz (1)*) la nota culmina con el siguiente pasaje: A Dios no lo podremos conocer nunca con nuestra mente porque resulta un instrumento muy limitado a la hora de comprender lo eterno y absoluto del amor, pero podemos saber cómo actúa viendo cómo actuó Jesús. No sabremos quién es Dios, pero en Jesús sabemos cómo es Dios. Por eso es que se vuelve relevante nuestra presencia, nuestra decisión de hacerle lugar a su palabra. Para decir algo más complicado (no necesariamente más profundo): Jesús es la palabra de Dios, es su voz. Para decir lo mismo de forma sencilla (seguramente más profunda): al lado de Jesús las personas se sentían sanas, dignas, curadas…revivían, se transformaban y creían en el amor.
Nunca podremos conocer a Dios como conocemos un objeto porque nuestra mente es limitada y no puede comprender lo ilimitado y eterno del amor, pero sí nos permite conocer cómo actúa el amor. Eso es lo que ha definido para mí el seguimiento y el camino de impregnar mi vida con su vida, he visto cómo actúa el amor en las acciones y en la enseñanza de Jesús y la dinámica del seguimiento, lo que en la tradición del yoga se llama Bhakti Yoga, esa “impregnación” que el gurú hace en nuestra vida no es ni en conceptos ni en el pasado sino que es posible a través de la fuerza y energía de su personalidad. No es desde el pasado histórico siquiera sino desde la eternidad y desde la relación que establecemos con el “Gurú”, término que significa “el que disipa la oscuridad”, el que alumbra, el que ilumina.
Es por eso que cuando hablamos de navidad no como una fecha cultural o religiosa institucional, “de calendario”, sino como un período el año en el que nuestra práctica puede volverse más profunda y reveladora para nosotros, es necesario presentarnos a quien ha nacido en navidad. Hago el intento de presentarlo desde su adultez hacia su infancia y por último hacia su nacimiento en una noche oscura, signo de luz e iluminación.
…al lado de Jesús las personas se sentían sanas, dignas, curadas…revivían, se transformaban y creían en el amor.
Cuando Jesús llegaba a los 30 años la vida de su pueblo no era para nada fácil. La ocupación romana, el imperio corrupto y violento, los líderes religiosos acomodados a una vida desconectada de las necesidades de los humildes, la religión como intermediaria y excusa, como freno y control del descontento y la angustia de no poca gente. Nacido en una familia de artesanos, su padre carpintero y su madre ama de casa, Jesús vivió la vida de cualquier chico de su tiempo y lugar. Pero algo era diferente en él. Veía la acción de Dios en todas las cosas. Una fuerza interior lo llamaba. Ardía su corazón tanto que un día emprendió su camino hacia el desierto. ¿Había dejado de interesarse por la vida concreta de las personas? No. Fue, permaneció viviendo su propio desierto, miró de frente sus tentaciones y regresó con la firme determinación de comunicarle a las personas, a todas las personas que quisieran escucharlo que había otra forma de vivir esperando por ellos.
Había visto a Dios en la levadura de la masa que su madre preparaba cuando hacía pan…y la levadura seguía allí. Había visto a Dios en las flores del campo y en las aves del cielo y en el amor y la dedicación de un pastor cuando sale a buscar una oveja que se le ha perdido o en la alegría de una mujer que encontraba una moneda en su casa mientras limpiaba…y todo eso seguía allí, esperando que las personas también vieran a Dios hablándoles en la creación toda, tanto les habló y comunicó su vida interior Jesús que pronto se convirtió para todos en la palabra que Dios decía. Jesús era entonces la voz de Dios y esa voz no decía quién era Dios sino cómo actuaba…e invitaba a las personas a actuar de esa misma manera. Y sus problemas aparecieron y crecieron cuando no encontró a Dios en los líderes religiosos ni en sus exigencias sino en las personas más sencillas, más humildes, en los más postergados y excluidos. Y tuvo que explicarlo muchas veces, Dios no era la enfermedad ni la muerte, Dios no daba premios y castigos, no era un juez hostil al que había que aplacar sino que Dios estaba allí con el enfermo y con quien moría. No era el sufrimiento sino el que sufre. Jesús comunicó una experiencia de Dios que se identifica con el ser humano y su pasión. Hablándole a las gentes le insisten a Jesús que explique cómo sería el fin de la historia, del fin del tiempo humano, cuándo “aparecerá” Dios y administrará justicia, esa era la principal preocupación de su cultura, su gente y el tiempo en el que vivián. Entonces Jesús les dice que nadie sabe cuándo ni cómo pero que cuando venga Dios no preguntará si fuiste al templo, si participaste de tales ritos o si cumpliste estrictamente la ley sino que te mirará en términos de compasión y servicio y dirá: "Porque tuve hambre, y ustedes no Me dieron de comer; tuve sed, y no Me dieron de beber; fui extranjero, y no Me recibieron; estaba desnudo, y no Me vistieron; enfermo, y en la cárcel, y no Me visitaron.' "Entonces ellos también responderán: 'Señor, ¿cuándo Te vimos hambriento o sediento, o como extranjero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no Te servimos?'"El entonces les responderá: 'En verdad les digo que en cuanto ustedes no lo hicieron a uno de los más pequeños de éstos, tampoco a Mí me lo hicieron.” (Evangelio de Mateo , cap 25 versículos 42 al 45)
Ese es Jesús, quien pasará por la vida haciendo el bien e invitándonos a comprender que la mayor realización espiritual, que la verdadera experiencia de unidad, de identificación con el Espíritu no está en los textos ni en los rituales, ni en las instituciones…ni siquiera en la conservación de las culturas…es más simple y también mucho más complejo a la vez…la realización humana está en dar de comer al hambriento, en vestir al desnudo, en visitar al enfermo y al preso, en acoger al extranjero…Cuando celebremos navidad podremos celebrar una fecha del calendario y comer pan dulce y brindar con sidra… o podremos también celebrar el nacimiento de quien se convirtió en Palabra del Espíritu con sus acciones y con su manera de vivir. Y acaso escuchar su voz no en la antigüedad, no allá en el tiempo perdido de un lugar perdido del mundo sino, aquí y ahora, en nuestro tiempo, un aquí y ahora sin barniz: ¿Qué hago con los hambrientos y desnudos, con los extranjeros, con los presos y los enfermos de mi tiempo?
*https://anandayogaymeditacion.blogspot.com/2025/12/un-aqui-y-ahora-profundo-y-sin-barniz.html
**imagen de portada: www.servicioskoinonia.org/cerezo/indexAgraf.php
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