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Un aquí y ahora profundo y sin barniz (6)

 


El pasado miércoles tuvimos una meditación en nuestra casa en la que compartimos nuestras intenciones para ese rato compartido de presencia y luego, en el marco de un cierre de año pensamos y reflexionamos nuestra práctica en clave de Navidad. En las meditaciones de Navidad siempre inicio con  lo mismo: me toca presentar a un amigo de quien quisiera yo ser su discípulo, su aprendiz…me toca presentarle a mis amigos a éste, mi amigo Jesús, de quien se celebra su nacimiento en el mes de diciembre.


En la meditación de la semana pasada elegí presentarlo así: Jesús es alguien ante quien las personas no temían. Su presencia despertaba lucidez, afecto, confianza pero ante todo: eliminaba el miedo y otorgaba paz. ¿Parece poco para un maestro de quien se dice es la misma presencia de Dios? ¿Podríamos reflexionar unos minutos acerca de eso?


Si pienso profundamente y con honestidad acerca de cada situación en la que no pude ser libre para expresarme, en la que no pude reconocer las necesidades de los demás, en la que no me compartí como la situación lo requería…¿no fué por miedo?¿No está el miedo detrás del sufrimiento? ¿No tenemos miedo a desintegrarnos y por eso vivimos reafirmando nuestra falsa identidad? Identificados con lo que tenemos y con los roles que desempeñamos, ¿no tememos perderlo todo y así dejar de ser “alguien”? ¿No es por eso que peleamos, manipulamos, engañamos, mentimos, forzamos…?


Los antiguos yoguis decían que sufrimos porque armamos nuestra vida en base a un conjunto de falsas interpretaciones y conclusiones acerca de la realidad. El apego, la aversión, el excesivo autocuidado, el temor a la muerte y por supuesto, la raíz de todas las aflicciones: la ignorancia. Es la ignorancia la raíz de todos los estados aflictivos que padecemos y engañados por la ignorancia nos aferramos o evitamos, nos aislamos creyendo que eso es cuidarnos y tememos a la muerte otorgándole un poder que nunca tuvo.


Una vida vivida así solo puede sostenerse con miedo. Miedo a dejar partir las cosas, miedo a tratar con lo que parece “desagradable”, miedo a compartirnos y a dejar entrar a los demás en nuestra vida, miedo al fin de las cosas como si las cosas fueran la vida misma. Las cinco aflicciones producen una vida llena de temor.


Aquél paralítico de la fuente de Betesda*, había permanecido allí esperando un milagro para curarse y Jesús le dijo que tomara su camilla y saliera caminando, en años de padecer allí él nunca lo había intentado. Bartimeo**, al lado del camino, ciego y pobre, clamaba por compasión y nadie se la tenía. Jesús le preguntó qué quería que hiciera por él y Bartimeo respondió: “quiero ver”. (Se animó a dejar de pedir limosna y pidió aquello que era su necesidad más profunda). Zaqueo*** había llevado una vida de egoísmo y avaricia parece y cuando llegó el maestro a su aldea no se animó a mezclarse con la gente. Se subió a un árbol y desde allí, sólo, apartado, lo vió llegar. Jesús lo animó a bajarse, a acercarse, a entreverarse con la gente e incluso le dijo que cenaría en su casa…Zaqueo se sintió otra persona, cambió profundamente y pasó a la historia como ejemplo de conversión. Aquella mujer que padecía de hemorragia desde hacía 11 años**** y nadie había podido curarla sino más bien que le habían quitado todo su dinero, además de la enfermedad padecía de lo que la ley  judía llamaba “impureza”, por tanto debía permanecer aislada fuera de la vida comunitaria. Jesús sintió que ella se animó a tocar la punta de su manto. Años de aislamiento y marginación se derrumbaron cuando ella vió pasar a Jesús. Y entonces él le dijo que su fe la había curado. Los leprosos se animaban a tocarlo, pero antes se animaban a ponerse de pie y caminar hacia Jesús quien no transmitía ninguna señal de distancia. Ante él, las personas y más que nada los que sufrían, no tenían ningún tipo de temor. Y eso propiciaba una atmósfera de curación y reparo. ¿Quién es Jesús para mí? Jesús es un camino hacia la paz que nace de no tener temor. El comunica un Dios que se ocupa de que las personas salgan adelante en lugar de pasar cuentas y repartir premios o castigos. Su sola presencia nos libera y nos pone en camino. Y él está presente cuando dos o tres personas nos reunimos y rezamos nuestra vida juntos*****. Su presencia no es magia ni creencia infantil, ni proyección de nuestra mente que anhela que algo bueno suceda. Su presencia es un misterio, pero a la vez, sondable. La atmósfera de paz, el silencio que podemos vivir, la paz en nuestro corazón es lo palpable de ese misterio propio de la vida sostenida por el Espíritu.




Imagen de portada:

https:www.servicioskoinonia.org/cerezo/indexAgraf.phpmagen: 


Si quieres leer esos pasajes en el texto original:
* El paralítico de Betesda: Evangelio de Juan, cap 5, vers 2 al 9
** El ciego Bartimeo, Evangelio de Marcos, cap 10, vers del 46 al 52

***Zaqueo, Evangelio de Lucas cap 19 vers del 1 al 10

****La mujer con flujo de sangre, Evangelio de Lucas cap 8 vers del 43 al 48

***** Jesús en medio nuestro, Evangelio e Mateo, cap 18, vers 19 y 20 



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